Columnista
Anticorrupción
La corrupción aparece en ocasiones como un dato muy importante en las encuestas, y en otras tiende a desaparecer o va a ocupar un último lugar.
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21 de feb de 2026, 02:46 a. m.
Actualizado el 21 de feb de 2026, 02:46 a. m.
No se requiere acudir a ningún indicador internacional sobre el estado de la corrupción en Colombia para establecer si ha subido o si ha bajado. En el caso colombiano, hemos visto durante los últimos años sucesivos escándalos muy importantes sobre la corrupción que ha afectado a altos funcionarios en las más importantes entidades del gobierno.
Semejante situación ha debido dar lugar a que las diferentes campañas presidenciales, y son muchas, planteen el tema en forma muy contundente y que hoy tuviéramos alguna claridad sobre diferentes estrategias que, bien armonizadas, podrían dar lugar, por fin, a una campaña bien orientada contra este terrible flagelo.
Es que los dineros públicos que se han esfumado no son menores. Rondan por los billones de pesos. Y cuando tenemos que aliviar catástrofes como la del departamento de Córdoba, en estos momentos, pues uno se pregunta cuántas donaciones y de qué dimensiones se requieren para llegar a una cifra como la que en sucesivos casos arruinaron la agencia que tiene como responsabilidad la prevención de riesgos y la atención de calamidades que en Colombia son muy frecuentes.
La corrupción aparece en ocasiones como un dato muy importante en las encuestas, y en otras tiende a desaparecer o va a ocupar un último lugar. La verdad verdadera es que debería ocupar un puesto prioritario en las preocupaciones de los candidatos presidenciales y en las determinaciones de un nuevo gobierno. Nada más desmoralizante en un país con escasos recursos que fenómenos tan recurrentes entre nosotros como el despilfarro y la corrupción.
He publicado varios libros sobre el tema. Y he ofrecido conferencias en muy diversos ámbitos. He escrito muchas columnas al respecto y en varias ocasiones he declarado que no vale la pena continuar con ese esfuerzo, porque cada día es peor y cada día es menor la atención que se le presta a este problema. Existe un esfuerzo por parte del sector empresarial que me parece bastante precario, aunque no sobra exaltarlo, pero las universidades y otras instituciones deberían estar mucho más comprometidas con el análisis y la recomendación de estrategias para confrontar este problema.
Desde la primera publicación que hice al respecto, continuando un trabajo que Miguel Urrutia tuvo que interrumpir en Fedesarrollo, inicié con un epígrafe que recogía el pensamiento de algún experto muy reconocido, para decir que solo las leyes no son suficientes para confrontar este fenómeno.
Y en otra publicación de ese mismo centro tan admirado de investigaciones, publiqué un ensayo para describir la herramienta denominada Whistleblower, su origen en los Estados Unidos, durante la independencia, la Guerra Civil, su fortalecimiento y su gran eficacia. Claro que se trata de una legislación, pero que tiene la característica de ser una herramienta probada en diferentes sectores y países y cuya eficacia es innegable. Uno se inclina a pensar que, como tiene estas características, lo mejor es no adoptarla. Pero ahí está. Y ya lleva siglos demostrando que es, así lo dicen muchos, la herramienta más efectiva contra diversas formas de corrupción.
Es una herramienta que involucra a la ciudadanía, particularmente a quienes están en posiciones claves para dilatar un esquema de corrupción. Ello hace que haya miles de personas muy bien ubicadas que tienen la capacidad de contribuir a generar un ambiente de transparencia en una sociedad. Es que es muy difícil para fiscales y jueces luchar contra el tema cuando tienen que esperar que les lleven los casos. Esta herramienta convierte en fiscales, en investigadores, por así decirlo, a miles de ciudadanos que están situados en los sitios claves y que con facilidad pueden identificar comportamientos corruptos.
Una herramienta basada en la denuncia, en la protección de esta y del denunciante. Pero una protección de verdad, impecable. Y luego, en un sistema de recompensas significativo y no mezquino. Hasta el punto que en ocasiones digo en mis conferencias que hay dos maneras de hacerse rico. Una de ellas, en virtud de la corrupción, y otra, muy respetable y digna, que es la de la denuncia de la corrupción. Con la debida protección y la generosa recompensa.

Experto en Ciencias Políticas, profesor y diplomático. Estuvo vinculado a la Universidad de los Andes por 23 años, durante los cuales enseñó Ciencia Política y ocupó varios cargos como Rector Encargado, Vicerrector y Decano de Ciencias Políticas, entre otros. Se ha desempeñado como Embajador en Canadá, Representante Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas, Embajador en Inglaterra, Ministro Plenipotenciario en Washington y encargado de Negocios. Fernando Cepeda Ulloa ha sido Ministro de Gobierno, de Comunicaciones, Consejero Presidencial y Viceministro de Desarrollo Económico.
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