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A mover el esqueleto

A todos les faltaba un hueso, ese que solamente yo tenía: el famoso juanete. Jamás se me ocurrió que a mí me sobrara.

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Aura Lucía Mera
Aura Lucía Mera. | Foto: El País.

24 de mar de 2026, 01:08 a. m.

Actualizado el 24 de mar de 2026, 01:08 a. m.

Mi mentalidad de ‘Antoñita, la fantástica’ superó cualquier fantasía. De pequeña me llevaron a Cartagena por primera vez. El mar se convirtió en obsesión; las olas, el agua salada, la arena, las conchitas, castillos, túneles, fosas; esas espumas blancas como pompas de jabón; el ruido.

Me estiraba en la playa mirando a los otros niños con una lástima infinita, pobrecitos. A todos les faltaba un hueso, ese que solamente yo tenía: el famoso juanete. Jamás se me ocurrió que a mí me sobrara. Y desde ese momento empezó la historia, que algún día se puede convertir en cuento infantil titulado ‘Mi juanete y yo’, compañero fiel que jamás me ha abandonado. Ojalá me entierren o cremen con las medias puestas.

Este doloroso y constante camino al andar no me ha impedido peregrinar por el mundo ‘pati/alegre’. Órgano que no se ejercita se atrofia, o sea que duela o no duela, hay que mover el esqueleto.

Así fue como conocí Sport.Meds, situado en el sur de la ciudad, con vista al río Lili, dedicado al músculo esquelético, así como suena. Creado por dos médicos visionarios, Mauricio Gutiérrez y Germán Ochoa, ortopedistas y traumatólogos, hace ya nueve años.

Al comienzo fue un sueño, una primiparada. El primer local era muy pequeño, la acogida fue inmensa… Cambiaron de sitio, crecieron y crecieron hasta tener la sede actual, ubicada en el quinto piso del edificio Suramericana.

Un centro integral para dar soluciones a problemas relacionados con los músculos del esqueleto: procedimientos menores, asesoría nutricional y psicológica, tratamientos regenerativos, lesiones deportivas, entre otros.

Equipos de última generación, dos salas de cirugía para procedimientos mayores, salones de fisioterapia, consultorios y salas para pequeñas intervenciones, pruebas biomecánicas.

Un equipo médico de primera, todos especialistas, más de cuarenta enfermeras, instrumentalistas, anestesiólogos… Lo que sea necesario, desde una inyección hasta una cirugía mayor.

Soy paciente frecuente. Doy fe de su profesionalidad, conocimiento, ética. Cali se merecía esta clínica, complemento en el sur de la Fundación Valle del Lili y otras clínicas de excelente calidad que permanecen congestionadas.

Felicitaciones a los doctores Mauricio Gutiérrez y Germán Ochoa, hijos de médicos, que llevan su pasión en la sangre y su conocimiento. Aprovecho esta columna para mandarle un abrazo especial al doctor Sierra por haber aguantado mis pataletas. Su paciencia infinita y su sabiduría han logrado que mi caminado de pato electrocutado se convierta en ‘cisne equilibrado’.

A mover el esqueleto… De lo contrario, se quedan pegados, nada divertido a estas alturas de la vida, ni a cualquier edad.

Periodista. Directora de Colcultura y autora de dos libros. Escribe para El País desde 1964 no sólo como columnista, también es colaboradora esporádica con reportajes, crónicas.

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