CALI
Reducir la desigualdad y la inequidad, los desafíos de Cali como ciudad afro de Colombia
Alrededor del 30 % de la población de Cali es afro y aunque es indiscutible su aporte a la identidad caleña, persisten enormes brechas de inequidad y desigualdad.

Cali es la ciudad del país con mayor concentración de población afro o Narp (Negra, Afrocolombiana, Raizal y Palenquera).
Se calcula que en la ciudad habitan 637.023 personas de este grupo étnico, esto significa que el 28.6 % de los habitantes de la ciudad es de raza negra, según datos de la investigación ‘Apoyo en la Institucionalización de los Enfoques Étnico –Racial y Diferencial’, realizado por el Centro de Investigaciones y Documentación Socioeconómico, Cidse, de Univalle.
De acuerdo con el sociólogo y profesor de esa universidad, Fernando Urrea Giraldo, históricamente los afro llegaron de la región Pacífica y con los flujos migratorios que se dieron a lo largo del siglo XX, la ciudad se convirtió en el centro urbano más importante de atracción de esta población, que actualmente se concentra en el oriente de la ciudad, en las comunas 6, 7, 13, 14, 15, 16 y 21, pero también en los barrios más deteriorados del centro.
Para Urrea, uno de los principales desafíos que aún están pendientes para esta comunidad es ser realmente aceptada por la sociedad caleña, especialmente por la ‘élite blanca’ y que haya voluntad política por parte de los gobiernos nacional y local en implementar una política pública que llegue a esta importante minoría.
“La Alcaldía, a través de la Secretaría de Bienestar Social, tiene una Política Pública CaliAfro, pero esta maneja un presupuesto muy bajo”, acota el académico.
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Destacó Urrea que, si bien hay algunos avances en términos de desarrollo económico, social y cultural, el grueso de la población afro vive en condiciones de exclusión, como lo evidencia su alta concentración en las zonas más pobres de la ciudad.
“No hemos integrado a la población afro al conjunto de la ciudad, en términos de educación, de salud, de vivienda, de acceso a otra serie de recursos, siguen siendo excluidos. Durante la pandemia fue el grupo más impactado por el covid, en términos de mortalidad, y esto tiene que ver con sus condiciones de vida”, aseguró.
La secretaria de Bienestar Social, María Fernanda Penilla, dijo, por su parte, que si bien la Política Pública CaliAfro, aprobada en el 2019, no ha mostrado muchos avances en razón a la pandemia, tiene unos objetivos claros como son reducir las brechas de desigualdad e inequidad con la población negra; lograr el respeto por la diferencia para que haya cero discriminación y, tercero, trabajar para perpetuar sus costumbres y usos.
Agregó que “el ser afro o negro en Colombia implica una condición de vulnerabilidad porque todavía existe racismo”.
“El gran reto es que seamos totalmente incluyentes, es decir que la población afro pueda acceder a toda la oferta estatal y de servicios, bajo un enfoque diferencial, y que se respeten sus derechos fundamentales sin que tengan que recurrir a instancias jurídicas”, indicó Penilla.
Algunos avances
En las últimas décadas, la población afrodescendiente ha logrado importantes avances a nivel social y en las esferas del poder. Muestra de ello es que por primera vez en la historia del país fue elegida una vicepresidenta afro.
Además, esta etnia cuenta con destacados representantes en la academia, la investigación, la literatura, la música y otras expresiones artísticas.
Sin embargo, aún falta mucho camino por recorrer para disminuir los índices de pobreza y de inequidad de la comunidad Narp.
Así lo demuestran algunos de los indicadores recogidos por el Cidse de la Universidad del Valle (ver gráficos).
Por ejemplo, los homicidios en Cali se concentran en las comunas 16, 15, 14 y 21, territorios que se caracterizan por una alta concentración de población afro.
Asimismo, de acuerdo con el Índice de Condiciones Sociales, ICS, el 28,5 % de los afrodescendientes vive en condiciones sociales y económicas poco satisfactorias, mientras para los integrantes de otras etnias (blancos y mestizos), la proporción es del 19,3 %.
En cuanto al género, las mujeres negras perciben casi el 50 % menos de ingresos en comparación con los hombres tanto afrodescendientes como de otras comunidades.
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En términos generales, esta población presenta un mayor índice de pobreza por ingresos: 44,1 % frente al 33,9 % de las restantes etnias, siendo mucho más marcada la tendencia en los estratos 0, 1 y 2.
Ahora bien, de acuerdo con los datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares, el 10,9 % de la población afrodescendiente de Cali no tiene sus necesidades básicas satisfechas, este datos es mayor en 1,5 y 2,3 puntos porcentuales frente al total de la ciudad y comparado con el grupo no afro, respectivamente.
De otro lado, la tasa de desempleo de la comunidad negra es del 13,2 % frente al 8,5 % de la población no afro, de acuerdo con el estudio de la Universidad del Valle que evidencia que los afrodescendientes buscan más empleo, pero acceden menos a este.
¿Hay oportunidades?
Luis Alberto Sevillano, subdirector del programa Afro e Indígena de la Agencia de Cooperación Norteamericana, Usaid, destacó que Cali no solo es la capital negra del país, también es la única ciudad que ha logrado que un pequeño sector de esta población pertenezca a la clase media.
“Cali es una de ciudad de oportunidades. Hemos encontrado posibilidades de desarrollo, incluso de servicios empresariales alrededor del maquillaje, la moda y la estética afro, al igual que la música”, manifestó.
Sin embargo, considera que aunque se dice que en Cali no se discrimina a nadie, es la población negra la que tiene menos atención médica, menos educación, menos trabajo y menor salario, incluso el transporte público tiene menor penetración en el Distrito de Aguablanca, en las zonas negras como El Vallado, La Unión, El Valladito, El Retiro y El Vergel, atribuibles a temas de seguridad.
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Por su parte, el director de la revista Ébano Latinoamérica, Esaud Urrutia, subrayó que se ha avanzado en términos de inclusión, en cuanto se ha aprendido a construir desde la diferencia, gracias al trabajo de incidencia de la comunidad negra y de sus organizaciones sociales.
“Pero aún queda un largo camino hasta que no sea noticia la inclusión de los grupos étnicos en las instancias de poder y decisión de los organismos públicos y privados”, indicó.
Entre tanto, el periodista Álvaro Miguel Mina, caleño por adopción, sostuvo que Cali le abrió las puertas y le permitió tener importantes logros a nivel laboral y académico.
Negó que hubiese sido víctima de discriminación y reiteró que se siente orgulloso de ser el ´Negro’ Mina como se le conoce popularmente.
De igual forma, Mayerlín Andrade, comunicadora social, reconoció los avances, pues hasta hace unos años no se veían mujeres negras en la televisión o en altos cargos públicos.
Pero, reiteró que también es cierto que para escalar socialmente no es suficiente con tener una buena educación, sino que deben exigirse mucho más que los blancos o mestizos.
“Mi madre viajó a Estados Unidos para que yo estudiara y no tuviera que trabajar, por eso pude ir a universidad privada, pero es cierto que se nos exige mucho más, por eso nos toca empoderarnos”, comentó.
Para algunos académicos Cali no tiene claro cómo lograr una verdadera política de igualdad y equidad para el pueblo afro que concilie con el resto de la sociedad.
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