Columnistas

Todo comenzó con una gripa

El 20 de noviembre de 1975, tras semanas de lenta y dolorosa agonía, infartos, peritonitis, errores médicos que trataban de salvarlo, Franco descansó o dejó descansar España.

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Aura Lucía Mera
Aura Lucía Mera | Foto: El País.

18 de nov de 2025, 01:17 a. m.

Actualizado el 18 de nov de 2025, 01:17 a. m.

Un 12 de octubre, hace cincuenta años, su excelencia, excelentísimo, el dictador Francisco Franco Bahamonde empezó a estornudar… La gripe otoñal. Ya sus manos temblaban a su antojo, parkinson; se había encogido, él no había caído en cuenta; seguía siendo el amo de España… Cuarenta años de poder total, de sembrar el terror, de ordenar, asesinar, de torturar, de perseguir sin piedad, no se iban a terminar por una simple gripa.

Su voz de falsete, chillona, su espada al cinto, su atuendo militar lleno de medallas en el pecho, su banda, su caminar de soldadito de plomo, seguirían marcando el compás de su danza macabra. En septiembre ordenó su último fusilamiento, que levantó ampollas en varios países, que retiraron sus embajadores.

Pero ese 12 de octubre de 1975 marcaría el inicio de un viaje sin retorno con destino al Valle de los Caídos, construidos para él con la sangre de miles de republicanos obligados a trabajos forzados e inhumanos, ya con la cara cerúlea y momificada.

La gripa se fue complicando. El 20 de noviembre, tras semanas de lenta y dolorosa agonía, infartos, peritonitis, errores médicos que trataban de salvarlo, descansó o dejó descansar España. Al cortejo fúnebre asistieron, obviamente, Pinochet, Imelda Marcos; notorias la ausencia de los demás gobernantes europeos y americanos.

La transición fue un proceso lento. Hasta comienzos de los años 80 no se podría afirmar que España hubiera entrado en un régimen democrático, parlamentario y libre. Fue el apogeo de las revistas con mujeres desnudas en las portadas, libros irreverentes, películas, obras de teatro; el famoso destape español. El edificio de la Dirección General de Seguridad, en plena Puerta del Sol, centro de torturas inimaginables, fusilamientos, se convirtió en una joya arquitectónica por donde pasean millones de turistas al año, sin tener idea de su tenebrosa historia.

Recuerdo mi primera visita a España a mediados de los 60, en Valladolid. Entré a una librería y pregunté por un libro de Pablo Neruda. Me sacaron prácticamente a patadas. Y ya a comienzo de los 70 en Madrid, asistiendo a bingos que estaban prohibidos, ingresando por sótanos camuflados en plena plaza de Santa Ana, conocí a Jorge Semprún, quien llevaba pasaporte falso; al poeta José Bergamín, ya mayor, quien se salvó de ser fusilado de milagro; Domingo Dominguín, también a salvo por la amistad de su hermano Luis Miguel con el Caudillo. Sentí eso sí el terror cuando en el aeropuerto de Barajas destino a Roma, a Domingo lo detuvo la Guardia Civil y tuve que embarcarme sola….(llegó dos días después).

La España joven, la que no vivió esa época o no se la contaron, disfruta ahora de una libertad, libertinaje, impensables… Ahora, los problemas clave son el exceso de turistas, el precio astronómico de las viviendas y el eterno fantasma de la ultraderecha que quiere apoderarse de nuevo del poder.

El fantasma vuelve a rondar. Los caudillos de derechas o izquierda jamás mueren del todo. Hay que estar alerta, alerta para evitar que vuelvan a dar el zarpazo. En España, y en el mundo eterno, a defender la democracia, imperfecta, pero lo demás es peor.

Periodista. Directora de Colcultura y autora de dos libros. Escribe para El País desde 1964 no sólo como columnista, también es colaboradora esporádica con reportajes, crónicas.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Columnistas

Gonzalo Gallo

Columnistas

Oasis

Antonio Joaquín García.

Columnistas

Oda al cine