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Simón Bolívar
Para los historiadores posteriores, el texto de Marx fue una lectura injusta y sesgada debida a su ideología, influenciada por fuentes europeas hostiles a Bolívar...
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30 de abr de 2026, 01:15 a. m.
Actualizado el 30 de abr de 2026, 01:15 a. m.
En busca de Bolívar, 2010, de William Ospina, es un libro interesante: su particular vida; los personajes con los que interactúa; su admiración y rechazo por Napoleón; las ideas de la Ilustración que lo ilustraron; sus viajes en barco y a caballo, por Europa, o en mula en América; los paisajes y las mujeres que conoció aquí y allá; los acontecimientos de la Independencia; su unión latinoamericana, mestiza y unida por la lengua, aún no lograda. Y la manera como está escrito el libro que hace que su lectura sea fácil, agradable y emocionante, además de que es corto; los que hayan leído biografías de Bolívar lo disfrutaran más, o si no, los animara a hacerlo, y que mejor que comenzar con: Libertador: Comprando una patria para Bolívar, 2020, de Marie Arana.
En la reedición del libro de Ospina, en 2025, se destaca en la contracaratula que: “Basto con que [Bolívar] muriera para que los odios se convirtieran en veneración, todas las calumnias en plegarias, todos los hechos en leyendas. Muerto, ya no era un hombre sino un símbolo.” Y no muchos años después Karl Marx, como lo recuerda Ospina en su libro, denigraría del Libertador, criticándolo duramente en un artículo de 1858 para la New American Cyclopedia, calificándolo de cobarde, traidor, dictatorial, y por su ambición de poder, falta de democracia y manipulación política, viendo en él un obstáculo para las causas populares; y por supuesto actualmente no faltaran, en los países a los que Bolívar libero, los extremistas que aun piensen lo mismo.
Para los historiadores posteriores, el texto de Marx fue una lectura injusta y sesgada debida a su ideología, influenciada por fuentes europeas hostiles a Bolívar; y algunos autores señalan que el texto revela más sobre Marx que sobre Bolívar. Pero por supuesto los personajes opuestos a Bolívar en su momento no faltaron, incluyendo rivales militares y políticos como Santiago Mariño y José Antonio Páez, figuras civiles como Francisco de Paula Santander, y también hubo conspiradores directos como José María Córdova; pero entre los importantes extranjeros que apoyaron a Bolívar destacaron militares británicos como Daniel Florence O’Leary, James Rooke y Guillermo Miller, quienes lideraron la Legión Británica.
La visión de una Latinoamérica unida, nombre gestionado por los franceses que querían identificarse con los americanos contra España, sin duda es el legado más importante de Bolívar; y que fue planteado en El Congreso Anfictiónico de Panamá convocado por él. La idea era que esta unión política y militar sirviera para defender la soberanía de los nuevos países, promover la cooperación y consolidar la independencia frente a posibles amenazas externas. Sin embargo, el congreso no logró sus objetivos principales debido a las rivalidades internas, los desacuerdos entre los delegados y la falta de apoyo de algunas naciones esenciales. Aunque sus resultados fueron limitados, es considerado un antecedente importante del panamericanismo.
Una Iberoamérica a partir de su geografía: un solo continente, y de su historia: una sola, que viene de Oriente a través de lo hispanomusulmán. Una comunidad de 22 países con unas raíces y unos valores comunes, cuyo mestizaje es cada vez más amplio, que se extiende, desde el sur de Estados Unidos, por Centroamérica y el Caribe a Suramérica, en donde 9 países comparten la cordillera de los Andes. Todos unidos por una cultura que disfruta de sus diferencias, y una lengua, el español, las que fueron, con las armas, artífices de la conquista de los pueblos que antes habían ocupado este nuevo mundo; y que ahora son las armas de su independencia.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
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