Columnistas
Quítese la máscara
A un sospechoso de robo se lo lincha en la calle, con el estruendo de “mátenlo, mátenlo”, sin comprobar si es cierto o no su supuesto delito.
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3 de nov de 2026, 12:10 a. m.
Actualizado el 3 de nov de 2026, 12:10 a. m.
Halloween ya pasó y la circunstancia es pertinente para hacer una comparación con lo que hoy vive el mundo. Pareciera que la consigna es “quítese la máscara”, no finja más ser “buena persona”, comprensivo, conciliador, “respetuoso”, no. Es hora de dejar de aparentar y mostrarse tal cual es. Los de derecha expresan estar mamados de la izquierda y la izquierda está mamada de la derecha. La tendencia hoy parece ser destripar izquierdistas, quitarse la máscara de la justicia y arrasar con ellos. Es hora de dejar de fingir, no más apariencias. Se acabaron las buenas maneras. Para ello los derechos humanos son una alcahuetería porque solo los ‘buenos’, los que se parecen a mí, los merecen. ‘Cuidar’ al delincuente es un desperdicio de plata y de energía. El que yo crea matón es un matón, así no exista un juicio o una condena. Quitándome la máscara, no tengo que aparentar nada: solo me muestro como soy. El mundo está dividido entre buenos y malos y de esa manera se debe actuar. Yo soy de los buenos y los que piensan como yo están de mi lado: los diferentes son brutos, escoria o ignorantes. La razón es mía; la verdad es la que yo practico.
Me puedo burlar de quien yo crea malo o inútil. Puedo ridiculizar a quien se me antoje. Soy transparente, así soy yo. Mas auténtico ¡imposible! No hay ni un ápice de engaño. Ni educación, ni buenas maneras, ni respeto por lo diferente. El patriarcado en toda su extensión, haciendo gala de su poder, su franqueza o su atropello. “Ríase porque yo me río”, festeje todo lo mío, vibre con mis ideas, mi religión y mis creencias. Hay que perder la capacidad de sorprenderse. Nadie podrá argumentar que fue engañado por las ‘formas’ gubernamentales. La represión a nombre del autoritarismo mandan la parada.
A las mujeres hay que someterlas: ¿de dónde acá sus aires de independencia y de “yo puedo sola”? ¿Quién les dio pedal para enfrentarse al varón? A los maricas hay que ridiculizarlos y estigmatizarlos por “anormales”. Los pobres siempre serán pobres porque son inútiles y brutos. Los negros siempre la embarran… En fin, quitémonos las máscaras de la conciliación, de la paz, del perdón. Existe una sola forma de enfrentar el mundo, una sola, la que yo practico, aquella en la que yo creo. El autoritarismo es la regla de la sociedad porque el patriarcado es el dueño y señor del mundo. El varón blanco, rico, representante de Dios en la tierra, es el que tiene el poder y los privilegios: él hace la ley y su palabra no es discutible.
Se llama la “era del autoritarismo”, la era del que se quitó las máscaras para mostrarse tal cual es y merecer aplausos. No más tibios o débiles o fracasados.
¿Peligroso? ¿Atropellador? ¿Honesto? Escoja el calificativo que le parezca. Lo delicado es que existen muchos vibrando en esa onda. A un sospechoso de robo se lo lincha en la calle, con el estruendo de “mátenlo, mátenlo”, sin comprobar si es cierto o no su supuesto delito. Y si así lo es, no hay derecho a la defensa: la ley del monte. Hay permiso para ser “auténticos matones”. ¡Así soy yo! Tengo derecho a agredir porque me miran feo, porque me hacen esperar, porque no me dan la razón. Esta ‘autenticidad’, ya sin máscara, es la que parece que se impone. En el mundo entero. Tengo el poder, tengo el control, tengo el permiso. Los gobiernos equivocados, los malos, los corruptos, me dan licencia para hacerlo a mi manera: ellos no supieron hacerlo, la forma mía es la acertada. Entonces yo construyo lo que se debe pensar, lo que se debe hacer, a quién adorar, qué memoria guardar, cuáles ídolos respetar; yo decido. Es el momento de quitarse la máscara. Este atropello tan directo está justificado porque lo que se critica es la mentira, no la actitud. Siempre y cuando diga la verdad, haga lo que se le plazca… Imagínese esta filosofía de vida, practicada en cualquier escenario… y por ahora, hay muchos descrestados con la tendencia.

Psicóloga, conferencista de temas de pareja, cambio y espiritualidad. Licenciada en Letras. Directora de los programa de televisión Revolturas, Despertar de la Conciencia en el Canal 14, y "Consultándole a GloriaH" en el Canal 2 en Cali. Colaboradora habitual de la radio en Oye Cali, El corrillo de Mao . En 2009, ganó el premio Rodrigo Lloreda Caicedo a la mejor columna de opinión en El País. Autora de los libros Hablemos del Amor , "Amarte no es tan fácil" y Dónde esta mi papá´.
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