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Más allá de la urgencia: sostener la recuperación

Superar la crisis exige mirar más allá de las condiciones que existían antes del desastre. Esa normalidad ya estaba marcada por profundas desigualdades.

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Daniela Konietzko.

2 de nov de 2026, 12:40 a. m.

Actualizado el 2 de nov de 2026, 12:40 a. m.

La solidaridad que despierta una emergencia es fundamental para atender las necesidades inmediatas. El desafío está en sostener ese compromiso cuando la atención inicial da paso a una recuperación que puede tomar meses o años. En un país marcado por profundas desigualdades, reconstruir exige mucho más que entregar ayudas; requiere articular respuestas que atiendan las necesidades urgentes, recuperen los medios de vida y transformen las condiciones que hacen más vulnerables a las comunidades.

Desde la Fundación WWB Colombia hemos comprendido que responder a una emergencia requiere un enfoque territorial y de género. La información que hemos recogido durante esta crisis confirma que sus efectos son desiguales. En Colombia, el 64,5 % de los micronegocios pertenece a hombres y el 35,5 % a mujeres. Pero la verdadera dimensión del problema se revela en los ingresos: por cada $100 que vende un hombre en su micronegocio, una mujer factura apenas $60. Además, el 37,7 % de los hogares con jefatura femenina vive en condición de pobreza monetaria.

Las dificultades se profundizan cuando las mujeres pierden simultáneamente su vivienda y su fuente de ingresos. Para el 54,3 % de las emprendedoras, el negocio funciona en su propia casa. A esto se suma que dedican en promedio cerca de ocho horas diarias al trabajo de cuidado no remunerado, una carga que aumenta durante las emergencias y limita sus posibilidades de recuperar sus actividades económicas.

Por eso, nuestra respuesta propone tres frentes que se complementan y van más allá de la atención inicial.

El primero es la mitigación del impacto inmediato. El acompañamiento directo y la entrega de recursos esenciales deben responder a las necesidades de las comunidades y garantizar condiciones de dignidad. Esto incluye, por ejemplo, que los kits de asistencia contemplen garantías de higiene menstrual.

El segundo es la democratización del saber. Entender que debemos investigar con las comunidades y no sobre ellas es el primer paso para identificar necesidades y orientar mejor los recursos. Este conocimiento debe traducirse en acciones concretas: capital semilla, asistencia técnica y mecanismos de protección financiera, como microseguros adaptados a los ciclos reales de las personas emprendedoras.

El tercer frente es la incidencia estructural. Las emergencias también ponen en evidencia desigualdades que requieren soluciones de fondo. Necesitamos promover una formalización gradual que no castigue la subsistencia, ampliar la inclusión financiera mediante datos transaccionales alternativos y avanzar, con urgencia, en la implementación de un Sistema Nacional de Cuidados. Estas transformaciones son esenciales para fortalecer la autonomía económica de las mujeres.

Ninguno de estos frentes puede avanzar de manera aislada. Afrontar las consecuencias de la emergencia en el suroccidente y el litoral Pacífico colombiano exige un esfuerzo conjunto. El Estado debe garantizar derechos y coordinar las respuestas; las empresas pueden contribuir a la recuperación productiva; y las organizaciones sociales y la cooperación aportamos conocimiento, recursos y acompañamiento. Las comunidades también deben tener voz en las decisiones que definirán su futuro.

Este es el sentido del realismo basado en valores que hemos defendido: reconocer las dificultades, actuar a partir de evidencia y convertir los compromisos en resultados. La recuperación necesita prioridades claras, responsabilidades compartidas y continuidad. También requiere evaluar los avances a partir de cambios concretos en la vida de las personas: la recuperación de los ingresos, la sostenibilidad de los micronegocios y las oportunidades que encuentran las mujeres para fortalecer su autonomía económica.

Superar la crisis exige mirar más allá de las condiciones que existían antes del desastre. Esa normalidad ya estaba marcada por profundas desigualdades. La reconstrucción debe ser una oportunidad para reducir esas brechas, fortalecer la autonomía económica de las mujeres y construir territorios más equitativos, con mejores condiciones para afrontar futuras emergencias.

La verdadera recuperación será posible cuando los esfuerzos sostenidos, el conocimiento y el compromiso colectivo se traduzcan en oportunidades reales para las comunidades. Solo así podremos dejar atrás la condición de sobrevivientes recurrentes y avanzar hacia territorios donde las personas sean protagonistas de su propio desarrollo.

Presidente de la Fundación WWB Colombia

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