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¿Punto de quiebre en Ucrania?

La sola posibilidad de que Vladimir Putin esté perdiendo es una buena noticia, no solo para Occidente, sino para las democracias del mundo.

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Mario Carvajal
Mario Carvajal | Foto: El País

10 de jun de 2026, 01:33 a. m.

Actualizado el 10 de jun de 2026, 01:34 a. m.

Después de cuatro años de la invasión de Rusia a Ucrania, en las últimas semanas la guerra parece empezar a inclinarse a favor de Kiev. Según The Economist, hacia el 12 de mayo de 2026, entre 280.000 y 518.000 soldados rusos habían muerto en combate, con un total de bajas (incluyendo heridos) de entre 1,1 y 1,5 millones, lo que significa que alrededor del 3 % de la población masculina en edad de combate que Rusia tenía antes de la guerra ha muerto o resultado herida. Los cálculos de este medio combinan estimaciones creíbles de bajas provenientes de agencias de inteligencia, funcionarios de defensa e investigadores independientes con datos de su rastreador de la guerra, lo que le permite modelar las cifras diarias de muertos según la intensidad de los combates.

Adicionalmente, los funcionarios del gobierno ruso, al igual que la población del país, están empezando a distanciarse de la guerra que inició Vladimir Putin. Mientras que hasta la primavera pasada los oficiales de alto mando, los gobernadores regionales y los empresarios hablaban en plural sobre la guerra en Ucrania, como si fuera un proyecto compartido, en la actualidad el tono ha cambiado: ahora describen el conflicto como una guerra que no es de los rusos, sino de Putin. Inclusive, algunos afirman que la toma de decisiones del líder ruso es extraña, lo que evidencia una pérdida de apoyo —y de miedo a criticarlo— por parte de la población y de los altos mandos políticos.

Ahora bien, es importante tener en cuenta que esto no significa que el régimen liderado por Putin vaya a caer. Este, como señalan expertos, aún mantiene el monopolio de la violencia, elemento fundamental para sostenerse en el poder, pero parece haber perdido la capacidad de proyectarse hacia el futuro. Aunque Putin inició la guerra precisamente para conservar el poder y el sistema que él mismo creó, ante su fracaso, los ciudadanos rusos comienzan a imaginar un futuro sin él. Para entender este giro, es fundamental revisar el reciente avance de Ucrania en el campo de batalla.

En abril de 2026, por primera vez desde agosto de 2024 —cuando Ucrania tomó territorio en el óblast ruso de Kursk—, los rusos sufrieron una pérdida neta de territorio. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra, un centro de pensamiento de Washington, entre las razones que explican el éxito de Ucrania se encuentran los contraataques terrestres y los ataques de medio alcance de sus fuerzas, así como el fin del uso ilícito por parte de Rusia de terminales Starlink en territorio ucraniano, entre otros motivos. Como resultado, según cálculos de este instituto y de The Economist, Moscú ha perdido el control de al menos 113 kilómetros cuadrados en los últimos 30 días. Aunado a esto, el ejército ruso está sufriendo una acelerada pérdida de soldados: alrededor de 35.000 al mes están muriendo en la guerra, un ritmo que supera la velocidad a la que Rusia puede reclutar reemplazos.

Además, la proporción de muertos respecto a heridos parece haber aumentado de manera importante como consecuencia de los drones de visión en primera persona (FPV) —aparatos cargados de explosivos que persiguen a los soldados enemigos y amenazan la capacidad de evacuación médica—, responsables de hasta el 80 % de las bajas recientes. Este cambio de fuerzas en el campo de batalla ha coincidido con un apoyo serio, en términos militares y económicos, por parte de Europa.

Actualmente, la Unión Europea, junto con países como el Reino Unido, es responsable de casi toda la ayuda que recibe Kiev. Este mes, por ejemplo, empezará a llegar a Ucrania un préstamo de 90.000 millones de euros (alrededor de 105.000 millones de dólares), mientras las sanciones contra Rusia siguen aumentando. Aunque esto es una noticia positiva, aún falta mucho, no solo para que Ucrania gane la guerra o se alcance un acuerdo que satisfaga a Moscú y a Kiev, sino también para la reconstrucción política, social, territorial y económica del país. Sin embargo, la sola posibilidad de que Vladimir Putin, quien inició esta guerra imperial, esté perdiendo es una buena noticia, no solo para Occidente, sino para las democracias del mundo. C

Como afirman Vladimir Rouvinski y Sören Brinkmann en su nuevo libro Contested Solidarity: European and Global Reactions to Russia’s War against Ukraine: El futuro del orden internacional basado en reglas depende de quién salga victorioso en Ucrania. Y, por ahora, todo parece indicar que Kiev —y, con él, el orden liberal internacional— empieza a encaminarse hacia la victoria.

Twitter: @Mariocarvajal9C

Internacionalista de la Universidad Javeriana, magíster en Estudios Latinoamericanos de la University of Oxford y magíster en Economía Política Internacional del London School of Economics, donde se graduó con Mérito. Analista de política internacional y geopolítica.

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