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¿Por qué escribimos?
La escritura es una herramienta válida para adentrarnos en nuestro ámbito poético, compartir ideas, promover la diversión y conectarnos con los demás.
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23 de mar de 2026, 12:38 a. m.
Actualizado el 23 de mar de 2026, 12:38 a. m.
Escribimos por múltiples razones: para comunicarnos, informar, expresar emociones, recordar el pasado, crear mundos imaginarios que nos permitan explorar nuestra imaginación y creatividad. La escritura es una herramienta válida para adentrarnos en nuestro ámbito poético, compartir ideas, promover la diversión y conectarnos con los demás. Escribimos para amar y para ser amados; algunos escritores surgen por vocación y otros por el simple placer que ofrece la literatura.
Casi todos los libros, en cierta medida, son autobiográficos: desde los poemarios hasta las recetas de cocina que ofrecemos a los lectores, e incluso los tratados científicos de nuestras profesiones. Las novelas, los ensayos y los libros en general difícilmente pueden desprenderse de las experiencias vitales de quien los escribe; forman parte de su vida. Uno escribe lo que siente y lo que es: recuerdos vividos que vuelven a cobrar forma al plasmarlos en palabras.
Nada en la vida acontece por azar. Los seres humanos somos inciertos por naturaleza, estamos a merced de las circunstancias que nos rodean y de lo que ocurre a nuestro alrededor. Esos hechos dejan una impronta indeleble en nuestra alma. Las palabras nos ayudan a comprender el mundo a través de las emociones que nos despiertan y nos acompañan en nuestro desarrollo. Eso nos hace felices, al igual que la música, la literatura, el estudio de la naturaleza, el amor por los animales y la conexión sublime con los amigos, los lectores, con quienes amamos y con quienes logramos sacar una sonrisa.
Escribir también nos impulsa a investigar, estudiar y buscar cada día la manera de ascender en la vida. Somos hijos de la ciencia y de la cultura; la escritura nos conduce a un afán de conocimiento que, acompañado de la investigación, nos capacita para vivir en un mundo hostil. Aunque las nuevas generaciones han dejado de leer y escribir debido a las tecnologías de la comunicación, el libro impreso nunca morirá. Abrir un libro nuevo siempre traerá consigo ese olor característico de la aventura y de la imaginación, de empezar a soñar con lo que hallaremos en sus páginas, completando sueños y realidades.
La vida es corta, y uno de sus grandes placeres consiste en disfrutar de una buena lectura o en escribir unas cuantas páginas en una hoja en blanco, que nos llevan como un navío impulsado por el viento en alta mar, como el canto mismo de la naturaleza.
Muchos recuerdan sus primeras lecturas en lugares inusuales. En mi caso, en el pueblo donde crecí no había sanitarios, sino letrinas; no tenía las condiciones adecuadas, pero sí el ejemplo de mi madre, una lectora voraz, quien me enseñó mis primeras letras y me transmitió el amor por la lectura a través de la inolvidables cartilla ‘Charry y la alegría de leer’.
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