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Oda a la esperanza

Mantener la esperanza es una de las mejores maneras de invertir en felicidad.

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Antonio Joaquín García.
Antonio Joaquín García. | Foto: El País.

6 de jul de 2026, 01:11 a. m.

Actualizado el 6 de jul de 2026, 01:11 a. m.

La esperanza es un estado de ánimo en el cual se cree que aquello que uno desea o pretende es posible. Nos ayuda a soportar momentos de la vida en los que la dificultad amenaza con destrozarnos; nos concede consuelo y nos permite atravesar esos instantes de angustia en los que parece que no saldremos adelante. Gracias a ella mantenemos la confianza en el presente y las expectativas en el futuro.

Sin embargo, la esperanza no significa que los problemas se solucionen solos, ni que todo vaya a salir bien sin luchar. Tampoco implica que las cosas resulten favorables simplemente porque sí. Para que esto suceda, debemos acompañarla de acciones. Si uno no tiene sueños, no tiene esperanza; y si no tiene esperanza, tampoco tiene sueños.

En la mitología griega existe la Caja de Pandora, un mítico recipiente tomado de la historia de Pandora, la primera mujer creada por Hefesto por orden de Zeus. Esta caja contenía todos los males del mundo. Como era de esperar, la curiosidad llevó a Pandora a destaparla, y de ella salieron todos los sufrimientos que puede padecer la humanidad: las guerras, las enfermedades, el sufrimiento, la locura, el vicio, la pasión, la tristeza, el crimen y la vejez. Cuando Pandora logró cerrar la tapa, solo quedaba dentro la esperanza.

La moraleja es que nuestras acciones impulsivas pueden tener consecuencias significativas, pero también que la esperanza puede permanecer incluso en los momentos más difíciles. De allí surgió el adagio: “La esperanza es lo último que se pierde”. Esta frase se ha utilizado como consejo o consuelo cuando alguien enfrenta una situación dura o angustiante y las posibilidades de mejoría parecen remotas. Su propósito es levantar el ánimo de la persona afligida y recordarle que nunca debemos pensar que todo está perdido.

En el estudio de la esperanza por parte de psicólogos y psiquiatras, uno de los planteamientos más conocidos afirma que “el arte de la esperanza consiste en encontrar causas permanentes y generalizadas para los eventos positivos, y causas temporales y específicas para los eventos negativos”. No se trata de evitar el pesar, sino de impedir que nos instalemos en la negatividad cuando no conseguimos el objetivo deseado. Tampoco debemos prestar atención excesiva a los profetas del desastre que pululan a diario en todas las actividades de la vida. Mantener la esperanza es una de las mejores maneras de invertir en felicidad.

Se suele decir que la gente no muere cuando deja de respirar, sino cuando pierde la esperanza. Sin embargo, existe también una visión crítica sobre este tema. Una de sus estudiosas es la socióloga Bárbara Ehrenreich. Cuando le diagnosticaron un carcinoma de mama, le sorprendió la insistencia de médicos y amigos en que mantuviera la esperanza. Entonces se preguntó: “¿Puede la esperanza frenar el avance de las células cancerosas?”.

Probablemente no haya nada malo en intentar averiguarlo. Ehrenreich cita estudios según los cuales la esperanza no siempre ayuda a los pacientes. Una actitud esperanzada puede facilitarles la vida a los cuidadores y familiares, pero algunos pacientes la consideran alienante e incluso creen que puede inducir sentimientos de culpa. Muchos de ellos no dejaron de reconocer ni expresar el miedo y la ira que también sentían. Más adelante, en retrospectiva, algunos manifestaron haberse sentido engañados o defraudados. Consideraban que la esperanza era, en cierta medida, un salto hacia lo desconocido. No obstante, también hay que considerar que la esperanza es una emoción, y experimentarla no está del todo en nuestras manos.

Personalmente, creo que no se trata de depositar la esperanza en alguien o en algo que vaya a ayudarnos, sino de tener esperanza y confianza en nosotros mismos, siendo conscientes de que podemos salir adelante con ayuda o sin ella.

“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”. — Khalil Gibran

Cirujano urólogo, docente universitario, escritor y columnista. Fue director del servicio de urología en el Valle del Cauca por 25 años y también fue director de la Clínica Rafael Uribe.

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