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¿Modificar lo inmodificable?
Si el cambio favorable se sostiene, se puede seguir adelante con la relación. Pero ante la reincidencia, es muy probable que la única opción sea poner distancia de manera definitiva.
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12 de sept de 2026, 11:30 p. m.
Actualizado el 12 de sept de 2026, 11:30 p. m.
Muchas personas viven frustradas porque se desgastan esperando cambios que no van a suceder. Milagros que no van a ocurrir. Haciendo esfuerzos inútiles. Esperando que se modifiquen rasgos de personalidad profundamente arraigados de sus allegados que tienen características de manipulación, negación, terquedad, control, suspicacia, entre otros.
Se sabe que un esfuerzo es inútil cuando el interlocutor:
- No aprende de la experiencia.
- Es terco y obtuso.
- Ha demostrado a lo largo de mucho tiempo que no puede (o no quiere) modificar su comportamiento.
- Siempre sale con un discurso egoísta vacío.
- Niega sus faltas y tiende a responsabilizar al otro de sus propios errores.
- Ha tenido demasiadas oportunidades y todo, invariablemente, vuelve al mismo lugar.
- A pesar de los esfuerzos y la paciencia de quien ingenuamente espera un cambio, todo sigue igual.
- Repite, una y otra vez, las mismas terquedades, los mismos caprichos y desplantes, las mismas características de personalidad, las mismas acusaciones o los mismos abusos.
- Dice querer cambiar, pero no cambia. Siempre quiere algo diferente, o encuentra una disculpa para llevar a cabo sus deseos. Y el que termina haciendo la fuerza es el otro.
En el caso concreto de una relación de pareja disfuncional, si después de intentar los ajustes necesarios, de una forma mucho más clara, enérgica y decidida de lo que se había realizado previamente, el interlocutor problemático modifica sus comportamientos o acepta que es él/ella responsable de las dificultades, eso sería una señal positiva, una razón para el optimismo y se le puede dar una oportunidad.
En ese momento se ponen las condiciones y se procede a observar. Si el cambio favorable se sostiene, se puede seguir adelante con la relación. Pero ante la reincidencia, es muy probable que la única opción sea poner distancia de manera definitiva. En teoría la recomendación de cortar con un desgaste inútil suena fácil, pero en la práctica no lo es por la ambivalencia, el miedo y la enorme capacidad que tienen las personas de echarse mentiras y creérselas. Al confundir amor con dependencia, la persona piensa que la solución es acceder a los caprichos con la consecuencia de “más de lo mismo” y el fortalecimiento de la dictadura de absurdos sentimientos de culpa.
A la lucha por la libertad se oponen dos fuerzas muy negativas.
- Los tan comunes miedos a perder lo establecido que se considera como valiosa. Pero también miedos a la soledad, al futuro o al sufrimiento psicológico.
- La predilección por la fachada, una obsesión que puede dominar la vida de muchas personas.
La coexistencia de estas dos fuerzas termina paralizando a la persona.
Los vendedores de ilusiones ofrecen soluciones facilistas para todos los conflictos, apoyan el pensamiento mágico de las personas y logran convencerlas de que su destino va a cambiar por el solo hecho de desearlo intensamente, no merced al esfuerzo. Tal convicción lleva a la persona a vivir una vida irreal en la que está continuamente tratando de modificar lo inmodificable.

Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.
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