Columnistas

La luz que aparece donde cayeron los edificios

… lugares de conmemoración de quienes partieron y de homenaje a su memoria...

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Santiago Cruz Hoyos.
Santiago Cruz Hoyos. | Foto: El País.

12 de sept de 2026, 11:31 p. m.

Actualizado el 12 de sept de 2026, 11:31 p. m.

A las 7:34 de la mañana del pasado 10 de agosto, cuando en Colombia comenzó a temblar, el equipo de montaje de Cacumen se encontraba finalizando el montaje de luces del Festival Petronio Álvarez, en el Coliseo del Pueblo de Cali. Pese a que una estructura se derrumbó sobre el escenario principal y dañó varios de sus equipos, no se detuvieron a verificarlo. En Cuarto de Legua, el barrio de al lado, corrían los rumores de que varios edificios habían caído. Los encargados del montaje de Cacumen, acostumbrados a alzar elementos pesados, corrieron hasta allí.

Llevaron consigo lo que podían para retirar escombros: martillos, taladros, alicates. Más tarde, toda la empresa se movilizó hacia los edificios colapsados con plantas eléctricas, luces, carpas. Desde el día cero del terremoto, el propósito fue ese: salvar vidas.

“En algunos edificios teníamos amigos con familiares que fallecieron. En otros no, pero aun así sentimos la tragedia muy nuestra”, dice Mauricio Díaz Ochoa, director creativo y socio de Cacumen.

En los días posteriores al terremoto, la Alcaldía de Cali dispuso albergues para quienes perdieron sus apartamentos. En Cacumen se les ocurrió entonces que una forma de ayudar allí era a través del cine. Cine albergue, le llamaron.

Un mes después de la tragedia, la necesidad es otra: que las familias de las víctimas, que los vecinos de los barrios donde cayeron los edificios, comiencen a procesar el duelo. Entonces surgió la idea: convertir los edificios que se cayeron con el terremoto en espacios de luz; lugares de conmemoración de quienes partieron y de homenaje a su memoria.

Fue así como, junto a los diferentes líderes de cada uno de los edificios desplomados, en Cacumen comenzaron a identificar a las familias que anhelan que se realice ese cierre emocional, como una forma de trascender espiritualmente.

Los familiares que aceptan envían las fotos de sus seres queridos y escriben un mensaje que se proyecta en alguna de las paredes que siguieron en pie. En ese momento se hace una oración por los seres queridos y después se encienden velas sobre un altar con flores. Donde todo era oscuridad, aparece una luz cálida, amarilla, mientras los vecinos que sobrevivieron recuerdan a quienes fallecieron.

Cuentan historias de las tardes en las que los invitaban a tomar café a sus apartamentos, de las caminatas matutinas con el perro, de los encuentros en la tienda o en el supermercado. Se reconstruye, de alguna forma, la cotidianidad perdida del edificio.

Los familiares que estaban en el exterior reconstruyen también los últimos días de sus tíos, de sus hermanos, de sus primos, en un ritual colectivo que intenta darle un cierre emocional a esa casa que ya no está, a esa torre, a ese ser que vivía allí. El dolor no se calma, dice Mauricio, pero se empieza a recordar desde el corazón, desde el amor.

Ya ocurrió en el edificio Vanessa, en Torres del Limonar y en Ariguani. Próximamente se realizará en Cantabria.

Cali, están seguros en Cacumen, volverá a renacer. Ya se puso en pie después de una pandemia, de un paro nacional, y ahora hará lo mismo después de un terremoto.

***

PD. Además de los equipos que perdió Cacumen tras la caída de una estructura en el Coliseo del Pueblo, le fue hurtada una planta que llevaron al edificio Vanessa para apoyar las labores de rescate. Lo mismo ocurrió con la iluminación que llevaron al edificio Cantabria.

¿Por qué no devolver lo que le pertenece a quien solo quiso ayudar en una de las tragedias más grandes que ha vivido Cali?

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Columnistas