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MF: Este ‘líder’ está triste
La amistad que se formó entre Sirirí, nombre del ave con el que firmaba sus columnas tanto en El País como en El Espectador, y este servidor, jamás tuvo ocaso en los más de 50 años que transcurrieron...
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22 de oct de 2026, 03:43 a. m.
Actualizado el 22 de oct de 2026, 03:43 a. m.
Cuando el empresario Ovidio Peláez resolvió invertir alta suma de dinero construyendo un hotel de lujo en zona de la ciudad que yo consideré impropia para un establecimiento de las características de lo que se denominó Hotel Petecuy, situado en la calle 15 con carrera 10 de esta ciudad, Peláez insistió en su empeño.
En la etapa de construcción fui varias veces a conocer el proyectado hotel y, cuando se inauguró, contrató a Leo Marini, el argentino que no tuvo rival como cantante de boleros. Al piano estaba un hombre joven, Mario Fernando Prado López, que con el correr de los años llegaría a ser uno de mis más queridos amigos.
La amistad que se formó entre Sirirí, nombre del ave con el que firmaba sus columnas tanto en El País como en El Espectador, y este servidor, jamás tuvo ocaso en los más de 50 años que transcurrieron desde que escuché los acordes de su piano acompañando a mi admirado Leo Marini, con quien también formé sólida amistad y me convertí en su acompañante cuando era contratado por el Hotel Intercontinental, al punto de que tuve la osadía de que aceptara presentarse en el Club Colonial de Tuluá, sin cobro de honorarios.
Con Mario Fernando tuve una distante posición política porque a él le dio por creer que Álvaro Uribe Vélez era el mesías enviado por Dios para redimir a esta ensangrentada patria de todas sus dolamas. A mi juicio, el propietario de El Ubérrimo no le correspondió a tanto afecto, pues yo siempre quedé esperando el decreto de nombramiento para una embajada o para un consulado.
Antes de contraer matrimonio con la bella y distinguida dama popayaneja, María Cecilia Arboleda, mi amigo tenía un desbordante éxito con las féminas locales, y como él mismo decía, “gallina que no se comía en el restaurante de Hilda Cuero en Rozo, la dejaba cacareando”, y no importaba la edad, pues sostenía que “gallina vieja da buen caldo”.
Me consta que “desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca”, Mario Fernando ejercía un atractivo irresistible con las más lindas de la región. Al convertirse en marido de esa perfecta mujer que es María Cecilia, abandonó las lides amatorias para convertirse en marido ejemplar.
Sus altas cualidades de publicista hicieron que su empresa llegara a ser una de las más exitosas de Colombia, y como era tan inteligente, de su mente salían las frases que impulsaban las ventas masivas de los productos que anunciaba. Fue uno de los mejores alumnos de Hernán Nicholls, un grande entre los grandes publicistas nacionales.
Fui colaborador suyo en ‘Oye Cali’ durante varios años, cuando se transmitía por Todelar, y me tocaba madrugar para llegar a tiempo y sentarme frente al micrófono que me asignaba.
En esta tremenda polarización en la que caímos los colombianos, mi amistad con Mario Fernando no sufrió mengua, al punto de que varias veces fui invitado a su programa ‘Mario Fernando Piano’, en el que comentábamos sobre libros o películas de actualidad. El que más recuerdo fue uno en el que tocaba al piano una melodía y yo tenía que decir en cuál película se escuchó.
Su amor por Cali lo llevó a creer que sus mensajes en favor de la ciudad serían atendidos. Yo en este campo siempre fui escéptico, porque los colombianos no somos una nación solidaria, sino 52 millones de hombres y mujeres que tiran cada cual para su lado.
A cada amigo suyo le decía ‘líder’ y así me llamó siempre. Por eso digo que a este ‘líder’ su muerte le ha causado una inmensa tristeza.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
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