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Más allá del límite: genios que transformaron la fragilidad en arte

Vincent van Gogh, con epilepsia y depresión severa, vertió su tormento en La noche estrellada.

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Rodrigo Obonaga Pineda.
Rodrigo Obonaga Pineda. | Foto: El País.

25 de feb de 2026, 03:37 a. m.

Actualizado el 25 de feb de 2026, 03:37 a. m.

A lo largo de la historia, el genio y la creatividad han surgido de la combinación de predisposición biológica, sensibilidad emocional y contexto ambiental, tal como señala Harold Bloom en su libro Genios. Esta interacción explica por qué figuras como Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791) y Ludwig van Beethoven (1770–1827) alcanzaron niveles extraordinarios de creatividad. Mozart, con talento precoz, memoria excepcional y sensibilidad emocional marcada, desarrolló su originalidad musical gracias a un entorno familiar altamente estimulante, mostrando el equilibrio entre predisposición biológica y educación.

“¡Actúa en vez de suplicar! Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa. Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Solo así podrá cumplirse tu destino”, Ludwig van Beethoven.

El compositor, enfrentando una sordera progresiva, transformó su limitación física en una fuerza creativa que dio lugar a obras monumentales como la Novena Sinfonía y los Conciertos para piano, ejemplificando la resiliencia e intensidad emocional como motores del genio.

En la pintura y la escultura, figuras como Leonardo da Vinci y enfrentaron problemas motores y artritis, adaptando sus técnicas mediante la planificación, el uso de la otra mano o asistencia, creando obras icónicas como La Última Cena, La Gioconda, la Capilla Sixtina, y las monumentales esculturas de David y La Piedad.

Por su parte, Rembrandt van Rijn, con problemas visuales leves y depresión, produjo retratos de extraordinaria introspección, mientras que Claude Monet, afectado por cataratas, transformó su paleta y percepción de la luz, desarrollando un nuevo lenguaje pictórico en su Serie de Nenúfares. Estos casos demuestran que la creatividad puede superar las limitaciones físicas mediante la adaptación y la perseverancia.

En el ámbito musical, Johann Sebastián Bach y George Frideric Handel, pese a padecer problemas oculares progresivos, continuaron creando piezas maestras con la ayuda de asistentes y transcripciones adaptadas. Joseph Haydn, aquejado por problemas digestivos crónicos y gota, consolidó la forma clásica.

Piotr Ilich Chaikovski, figura capital del romanticismo ruso, vivió intensos conflictos emocionales y episodios depresivos, marcados por una profunda lucha interior frente a las presiones sociales de su tiempo. Esa vulnerabilidad se convirtió en fuente de una expresión musical de extraordinaria intensidad. En el ballet El lago de los cisnes, en la Sinfonía n.º 6 ‘Patética’ y en el Concierto para piano n.º 1, la emoción se transforma en arquitectura sonora, donde la angustia personal alcanza dimensión universal.

Frederick Chopin, afectado por tuberculosis, imprimió lirismo y delicadeza en sus Nocturnos y Preludios.

Robert Schumann, con trastorno bipolar, transformó sus altibajos emocionales en música profunda.

Franz Schubert, afectado por la sífilis, imprimió intensidad emocional en sus Lieder y la Sinfonía Inconclusa.

Niccolò Paganini, con articulaciones hipermóviles y dolor crónico, elevó el violín a nuevas alturas con sus Caprichos.

Ya en la transición hacia la modernidad, Erik Satie, compositor francés de sensibilidad introspectiva y vida marcada por la soledad y la precariedad, desarrolló un lenguaje musical despojado y contemplativo. Sus Gymnopédies y Gnossiennes anticiparon el minimalismo del Siglo XX, demostrando que la fragilidad emocional puede traducirse en una estética de silencios y resonancias interiores.

Compositores del Siglo XX como Sergei Rachmaninov, quien enfrentó depresión profunda tras el fracaso inicial de su Primera Sinfonía, encontró en el Concierto para piano n.º 2 una catarsis creativa. El pianista Glenn Gould, con rasgos asociados al síndrome de Asperger y alta ansiedad, desarrolló técnicas interpretativas únicas y una relación casi mística con el estudio de grabación.

De igual forma, Bedřich Smetana, con sordera progresiva, compuso Mi patria, mientras que directores como Arturo Toscanini y Leonard Bernstein mantuvieron precisión y energía pese a la fatiga crónica.

Herbert von Karajan, durante sus últimos años al frente de la Filarmónica de Berlín, sufrió graves problemas de columna vertebral que limitaron su movilidad, sin disminuir su exigencia artística.

Entre los escritores modernos, Fiódor Dostoievski, con epilepsia y depresión, exploró la psicología humana en Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov.

Virginia Woolf, con trastorno bipolar, desarrolló el flujo de conciencia en La señora Dalloway. Marcel Proust, con asma crónica, reconstruyó la memoria en busca del tiempo perdido. Franz Kafka, fallecido por tuberculosis laríngea, creó un estilo literario universal. Ernest Hemingway, afectado por hemocromatosis, depresión y diabetes, desarrolló su prosa lacónica en El viejo y el mar.

En la pintura y escultura de los siglos XIX y XX, Vincent van Gogh, con epilepsia y depresión severa, vertió su tormento en La noche estrellada.

Paul Cézanne reinventó la perspectiva y la geometría. Auguste Rodin y Henri Matisse, pese a la artritis, desarrollaron innovaciones escultóricas y plásticas. Alberto Giacometti, con ansiedad y fatiga crónica, creó figuras tensas y existenciales.

Frida Kahlo, tras un accidente devastador, transformó el dolor físico en autorretratos de intensa expresividad.

Finalmente, estos ejemplos confirman que la adversidad física, neurológica o emocional no detiene la creatividad, sino que puede potenciarla. La memoria, la adaptación técnica y la energía aplicada son herramientas de resiliencia y superación, permitiendo que cada nota, palabra o pincelada refleje la victoria del espíritu creativo sobre la fragilidad humana, dejando un legado imperecedero.

Invitación al descubrimiento: le invito ahora, a no detenerse en la superficie de la forma. A mirar más allá de los límites, donde el cuerpo claudica, pero el espíritu asciende, que seduce por esa chispa que habita en lo inconcluso. Pues en cada grieta del artista hay un secreto que aguarda ser escuchado, y en cada trazo, una invitación a la eternidad.

Docente pedagogo y especialista en Filosofía y Letras, con experiencia en relaciones humanas, ética empresarial y gestión cultural. Divulgador de la música culta, integra rigor académico y sensibilidad artística. Su labor impulsa la formación cultural del país.

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