Columnistas
Luna o Tierra
¿Seguimos buscando la felicidad ‘afuera’ perdiendo la esencia del servicio y la gratitud?
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14 de abr de 2026, 02:34 a. m.
Actualizado el 14 de abr de 2026, 02:34 a. m.
Hay una metáfora muy difundida sobre una supuesta reunión que sostuvieron los dioses preguntándose cómo podían evitar que los humanos compitieran con ellos. Cómo ‘bajarle’ a la prepotencia terrenal. Entonces decidieron esconder la felicidad en un lugar donde no fuera fácil alcanzarla porque “si eran felices, serían como dioses”. ¿Dónde esconderla? ¿En el fondo del mar? No, allí la hallarían. ¿En la cima de una montaña? No, también lo lograrían. Hasta que a uno se le ocurrió que esconderla en el fondo del corazón haría muy difícil su hallazgo. El humano no está enseñado a mirarse a sí mismo… le aterra.
Y ahora con el viaje a la luna, que emociona tanto, surge también la inquietud sobre las prioridades. ¿Cuál es lo principal? ¿Dar alimento a todos los seres del planeta Tierra u organizar un viaje al espacio como manifestación de inteligencia humana, para beneficio y orgullo de la ciencia? Sí, hay que escoger y esa decisión es una muestra de la esencia de cada quién, de lo que cada uno de los terrícolas guarda en su interior. De aquello que ha recibido a través de la cultura y los criterios de valor que se difunden como esenciales. No olvide que “todo tiene que ver con todo”. No hay decisión equivocada, sólo un retrato de los valores y criterios con los que las culturas han construido prioridades, como ha gestado el perfil del humano. A mitad de camino entre los dioses y las bestias, el humano pareciera que se enfocara más a igualarse con la bestia, con la irracionalidad, antes de intentar acercarse al mundo de la solidaridad, la compasión, la colaboración. O, por el contrario, en aras de desarrollar la razón y la inteligencia, no conoce de integralidad, de emociones, de sensaciones compartidas. Porque esa inteligencia ‘sola’ pareciera más un caballo desbocado que un elemento al servicio de la condición humana.
¿Por qué es tan difícil sentirse solidario? ¿Por qué se le huye a la felicidad de compartir? ¿Por qué es tan repulsivo hacer un favor, ayudar al que lo necesite, darle la mano al que se ha caído? Esas emociones son absolutamente gratificantes, pero parece que no son aptas para que cualquiera las experimente. Hace unos días, hablando de basuras, le dije a una señora que se podía llevar hasta el camión y ella, molesta, dijo: “¿Por qué, si para eso les pagan?”, como si colaborar ardiera. Sentir la emoción del servicio, como recibir la sonrisa de alguien agradecido, son sensaciones increíbles que no se compran en ningún supermercado. Calmar el hambre de una persona hambrienta, así sea solo una vez, genera una plenitud indescriptible. Pero parece que no es prioritario que la raza humana esté bien. No hay la motivación para ello, ni siquiera en forma egoísta (me siento bien haciéndolo, independiente de la respuesta), y el otro, el prójimo, no está en mi radar.
Miramos a la Luna y no miramos a Haití, a Yemen, a Gaza y a tantos otros pueblos con necesidades básicas por suplir… Digamos que dar de comer a toda la población del mundo, ¿no debería ser una prioridad? Si a usted lo hubieran puesto a decidir, ¿qué haría? ¿La Luna o la Tierra? ¿Seguimos buscando la felicidad ‘afuera’ perdiendo la esencia del servicio y la gratitud? Y si encontráramos extraterrestres, ¿ellos cómo nos verían, cómo nos juzgarían, cómo interpretarían las conductas humanas? Lo paradójico es que las filosofías y religiones del mundo hablan del amor, de la gratitud, de la solidaridad… Hay personas que manejan mejor el uso de las matemáticas que las conexiones emocionales. ¿El prójimo qué tan enemigo es? ¿Nos fuimos a la Luna en busca de mejores condiciones para quién? ¿Qué encontraremos en la Luna que no hemos podido hallar en la Tierra?

Psicóloga, conferencista de temas de pareja, cambio y espiritualidad. Licenciada en Letras. Directora de los programa de televisión Revolturas, Despertar de la Conciencia en el Canal 14, y "Consultándole a GloriaH" en el Canal 2 en Cali. Colaboradora habitual de la radio en Oye Cali, El corrillo de Mao . En 2009, ganó el premio Rodrigo Lloreda Caicedo a la mejor columna de opinión en El País. Autora de los libros Hablemos del Amor , "Amarte no es tan fácil" y Dónde esta mi papá´.
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