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Los motivos de un voto

Un voto que reivindica el deseo de vivir en un país donde desde el poder no se vuelva a profundizar la división social ni fomente la desconfianza en instituciones de la democracia y del sistema electoral.

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Fernando Posada
Fernando Posada | Foto: El País

18 de may de 2026, 01:23 a. m.

Actualizado el 18 de may de 2026, 01:23 a. m.

He decidido votar en la primera vuelta presidencial por la dupla conformada por Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, aún en medio de grandes diferencias políticas. Mientras la campaña avanza en medio de libretos de populismo y ante la amenaza de una asamblea constituyente convocada por Petro y Cepeda, la dupla Valencia-Oviedo ha propuesto un proyecto que trasciende las dinámicas de división sobre las que se han construido las dos candidaturas que lideran las encuestas.

De fondo, es un voto de oposición a la chambonería del gobierno de Petro y su proyecto de decrecimiento; a su discurso que solo busca dividir y a su libreto de populismo, de espadas de Bolívar y de transformaciones que se quedaron en la retórica. Y es un voto que reivindica el deseo de vivir en un país donde desde el poder no se vuelva a profundizar la división social ni fomente la desconfianza en instituciones de la democracia y del sistema electoral.

La oposición debe hacerse con la altura que precisamente le ha faltado en todo momento a la administración de Petro, quien en cada momento prefirió el camino de la radicalización antes de buscar acercamientos respetuosos con otros sectores ideológicos. Sería una enorme contradicción rechazar las falencias de Petro en su rol como estadista y a su vez escoger como su reemplazo a alguien que tampoco representa estos valores. En ese sentido, hace cuatro años debimos aprender que de nada sirve buscar nuevos salvadores y outsiders si ignoramos que en la oposición siempre han existido voces valiosas que han puesto la cara ante inmensos riesgos mientras otros juegan a ser ‘influencers’.

El país ha sido testigo de una larga conversación en las últimas semanas sobre todo lo que rodea la vida política del candidato Abelardo de la Espriella. Y es necesario seguir hablando sobre a quiénes ha defendido en su ejercicio como abogado, así como lo que ha dicho en la contienda presidencial y lo inaceptables que son varios de sus pronunciamientos relacionados con la prensa. Al final de cuentas, De la Espriella es el segundo candidato con más opciones de ganar la presidencia y de gobernarnos a todos.

Pero la conversación nacional, ahora enfocada en las controversias de Abelardo de la Espriella, no puede olvidar el otro lado de la orilla: a quiénes ha defendido Iván Cepeda a lo largo de su carrera política. Desde las fotos sonrientes en sus redes sociales al lado de una pancarta que homenajeaba a ‘Tirofijo’ en un congreso del Partido Comunista hasta sus mensajes de solidaridad con Jesús Santrich, la lista es indignante y motivo de enorme preocupación.

Apoyar a Valencia y a Oviedo no es un voto fácil de decidir y mucho menos es una decisión en la que coincida en todas las tesis de su campaña. Sigo creyendo que la radical oposición al proceso de paz de La Habana –que empezó en parte como resultado de los diálogos exploratorios del gobierno de Uribe– trajo como consecuencia un inmenso desgaste para el país y fue un impulso crucial para la llegada al poder de Petro.

Como liberal, estoy en inmenso desacuerdo con muchas de las visiones de la sociedad y del modelo político que propone el Centro Democrático, pero la presencia de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial y de todo el equipo de la Gran Consulta por Colombia me hace pensar que será un proyecto más moderado que cualquiera de los otros que lideran las encuestas.

A pesar de las diferencias, coincido en un punto fundamental: en la urgencia de que Colombia no vuelva a caer en manos de populistas y extremistas. Y, sobre todo, que la política no siga siendo entendida como un juego de revanchas y de exclusiones, sino como un proyecto de construcción de acuerdos entre muchas orillas. Mientras las dos campañas punteras insisten en profundizar los discursos que solo fomentan la enemistad entre los colombianos, hemos visto cómo la campaña de Valencia y Oviedo ha conseguido apretones de manos y abrazos entre sectores que hace apenas meses no se dirigían el saludo.

Se acerca el final de una de las campañas más determinantes para el futuro de Colombia, pero también una de las menos emocionantes de las décadas recientes. El debate fue el gran ausente en la egocéntrica agenda de los dos líderes de las encuestas, mientras sobraron las bodegas digitales y el inexplicable fuego amigo entre los equipos de los dos candidatos opositores del presidente Petro. Ojalá vengan para nuestro país épocas más conciliadoras que la que hemos tenido que vivir en este cuatrienio.

FERNANDO POSADA

Politólogo de la Universidad de los Andes con maestría en Política Latinoamericana de University College London. Es analista político para varias publicaciones nacionales e internacionales, y consultor en temas de política pública, paz y sostenibilidad.

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