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Lo que no dijo Marco Rubio

Lo que el Secretario de Estado de EE.UU. ofreció en Múnich fue una interpretación amable, constructiva, de las distintas expresiones vertidas por el Presidente norteamericano.

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Antonio de Roux
Antonio de Roux | Foto: El País

23 de feb de 2026, 01:44 a. m.

Actualizado el 23 de feb de 2026, 01:44 a. m.

La intervención del secretario de Estado Marco Rubio hace dos semanas en la Conferencia de Seguridad de Múnich contiene elementos que merecen analizarse. El discurso buscaba reencaminar las relaciones entre Europa y la Unión Americana, tras las continuas manifestaciones del presidente Trump contra el rumbo del viejo continente.

Sin duda, era un ejercicio inaplazable, por cuanto el Mandatario había llegado a poner en entredicho la continuidad de esa asociación histórica. Al efecto, debe considerarse que las críticas subieron de tono con su discurso ante la ONU, cuando pidió la restauración de la ‘identidad occidental’ y sugirió que los graves problemas económicos europeos serían eclipsados por la perspectiva más cruda de la desaparición de su civilización.

Poco tiempo después aparecería la denominada Estrategia de Seguridad Nacional, cuyo propósito es que los Estados Unidos continúen como ‘la nación más grande y exitosa de la historia de la humanidad’. Este documento afirma que algunos países europeos están dejando de ser confiables por carecer de economías y ejércitos suficientemente fuertes.

El lenguaje rudo contra los socios se manifestó también ante la Otan y continuó con las admoniciones en Davos sobre unos países europeos cuya dirección es incorrecta, ya que tendrían políticas erradas en materia de globalización, transición energética e inmigración, circunstancia esta que comprometería la identidad de la civilización occidental. Las recriminaciones pasaron a mayores al anunciar las aspiraciones estadounidenses respecto de Groenlandia.

Lo que Rubio ofreció en Múnich fue una interpretación amable, constructiva, de las distintas expresiones vertidas por el Presidente norteamericano. Teniendo como telón de fondo los vínculos históricos e indisolubles entre Norteamérica y sus aliados, planteó la pregunta fundamental sobre cuál es realmente el valor a defender con esa asociación.

La respuesta dada por el funcionario es que el propósito y sentido de aquella convergencia no es solo la superioridad militar, sino la defensa de una civilización única, patrimonio exclusivo de la nación norteamericana y de Europa. Una civilización que representa valores culturales, espirituales, democráticos, humanísticos por los cuales vale la pena luchar.

Pero tan importante como leer las palabras del Secretario es desentrañar el sentido de sus omisiones y silencios. Y es que la disertación excluyó toda alusión al expansionismo soviético y la guerra de Ucrania, donde se está jugando la integridad territorial de esta nación y sus vecinos. Tampoco mencionó los recursos de cooperación que deberían aportarse para impulsar el desarrollo de los países empobrecidos, lo que permitiría detener el flujo de migrantes. Y ni qué hablar de la ‘ninguneada’ de América Latina, que pareciera excluida por norteamericanos y europeos de la llamada civilización occidental.

Lo que también pudo levantar inquietud es que las palabras del secretario aludieran a Theodore Roosevelt como referente protagónico de la vida pública estadounidense. El mundo y los países situados al sur del Río Grande aún recuerdan que el aludido fue autor del ‘Big Stick’. Un postulado según el cual aquella potencia puede intervenir en cualquier país usando el inmenso garrote de su poderío económico y militar, cuando se trata de defender o apuntalar sus propios intereses.

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