Columnista
Lo que define quién crece y quién no
Cuando no se definen prioridades y los recursos se dispersan, las compañías crecen menos, los salarios avanzan más lento y los capitales emigran a otros destinos.
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16 de feb de 2026, 01:10 a. m.
Actualizado el 16 de feb de 2026, 01:10 a. m.
Otra cacofonía en boga es la innovación; todos prometen más ciencia, más tecnología, más emprendimiento, más distritos creativos y parques tecnológicos, y aseguran que la clave es aumentar la inversión en I+D —investigación y desarrollo—, bien anotado. La pregunta que seguimos sin responder es en qué queremos ser inevitables, una decisión que exige foco, continuidad y coordinación entre el sector público y el privado, con una mirada clara desde las regiones.
Colombia invierte menos del 0,3 % del PIB en investigación y desarrollo. En la Ocde el promedio supera el 2,5 %; Corea del Sur destina más del 4 % e Israel más del 5 %. La comparación no es para autoflagelarnos, sino para entender que países no solo invierten más, sino que lo hacen en aquello que quieren competir.
Incluso si mañana duplicáramos la inversión, la pregunta seguiría siendo ¿para qué y en qué? En las economías más grandes, la I+D nace en las empresas y responde a cadenas concretas; se investiga para vender mejor, producir con eficiencia y ganar mercados. Aquí, en cambio, el debate gira en torno a convocatorias y listas de sectores ‘estratégicos’ que cambian con la política. Desde la mirada central, todo parece prioridad, pero cuando todo lo es en el discurso, poco lo es en los territorios.
Estas no son discusiones aburridas ni burocráticas; son el trasfondo de lo que realmente está en juego: empleo, ingresos y oportunidades que hoy escasean. Cuando no se definen prioridades y los recursos se dispersan, las compañías crecen menos, los salarios avanzan más lento y los capitales emigran a otros destinos. Si además cada gobierno amplía la lista de promesas sin sostener una apuesta clara, el impacto no queda en el papel, se siente en el bolsillo.
En el Valle, por ejemplo, la discusión debería empezar en una planta de alimentos, en un ingenio, en una firma que despacha contenedores por Buenaventura o en un emprendimiento cultural que ya vende afuera. Ahí está la base: iniciativas que producen, exportan y sostienen empleo formal. ¿Qué falta? Respaldarlos con decisiones claras, sofisticar lo que ya hacemos bien y darles a esas actividades un salto en calidad y escala.
Amén de la distancia y la dependencia de los gobiernos nacionales, son las ciudades y regiones quienes deben asumir la tarea de ordenar su propio desarrollo productivo. Si la apuesta es agroindustria, logística o industrias culturales, el gasto en investigación y desarrollo tiene que resolver cuellos de botella concretos en esos sectores.
Algo similar ocurre con la inteligencia artificial; no es un sector, sino una herramienta, y mencionarla no vuelve eficiente a nadie. Puede reducir tiempos en el puerto, anticipar rendimientos agrícolas, disminuir mermas industriales o permitir que una empresa cultural venda afuera sin abrir oficinas. La diferencia está en quién la integra a su operación diaria y quién la deja en la presentación. Ahí se juega la productividad.
Una región como la nuestra no necesita renunciar a su diversidad, pero sí escoger dónde va a poner la plata y el esfuerzo durante varios años. Especializarse no es sumar sectores de moda, es respaldar a los que ya funcionan y pueden crecer, jalonando proveedores, servicios y empleo a su alrededor. Cuando intentamos ser todo al mismo tiempo, nada recibe el impulso necesario para despegar.
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Claridades: Y más allá de la locomotora natural del suroccidente, los vagones del Pacífico siguen esperando tracción. ¿Qué pasaría si pequeños productores de cacao o pesca tuvieran contratos estables para exportar, con estándares claros y asistencia técnica permanente? ¿O si los colectivos culturales del litoral accedieran a mercados formales y plataformas digitales? No es nada complejo.
*Consultor internacional

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.
6024455000






