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Líderes en la escuela de Jesús

El problema de ser líder está en que si no tenemos los pies en la tierra nos parece que lo único bueno, o recto, es lo nuestro

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Jorge Humberto Cadavid
Jorge Humberto Cadavid | Foto: El País.

26 de oct de 2026, 01:19 a. m.

Actualizado el 26 de oct de 2026, 01:19 a. m.

En estos días, por la visita que hizo el papa León XIV a Francia, me he comunicado con una pareja francesa que estuvo por Colombia y que dice de nuestro país, que es la tierra del encanto, y así quedaron enamorados, tanto, que cada que pueden tomarse vacaciones llegan a Colombia y a Cali. Bueno, el motivo: ¿cómo veían el viaje del Papa a su tierra?, con la voz entrecortada de la emoción, me dijeron: Francia revivió su fe, y sin miedo demostró que cree en Jesús el Señor, y lo mejor de todo es que los jóvenes han despertado a la esperanza cristiana, son los que han dado la mejor respuesta.

El pastor alemán Niemöller, pronunció de manera oficial, por primera vez en la semana Santa del año 1946, su sermón titulado: ¿Qué hubiera dicho Jesucristo? En el que tomaba del poema que reconocemos de Bertold Brecht, las ideas por las cuales se pregunta qué hubiera respondido Jesucristo para cuestionar el clima de apatía del pueblo alemán ante la crueldad nazi, diciendo: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista, cuando encarcelaron a los social demócratas, guardé silencio, porque yo no era social demócrata, cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista, cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío, cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar”.

Cuando los que acompañaban a Jesús en su aventura de transformar al mundo, transformando al hombre, nos dice el siquiatra brasileño Augusto Jorge Cury, estudioso de la inteligencia y que hizo un estudio especial de la de Jesucristo como hombre, y al final de su libro ‘El Maestro de los Maestros’, nos dice que aunque no hubiera hecho ningún milagro, sus gestos y sus pensamientos fueron tan elocuentes y sorprendentes que, aun así, él habría dividido la historia, después de haber pasado por esta sinuosa y turbulenta existencia, la humanidad nunca más fue la misma. “Si el mundo político, social y educacional hubiese vivido mínimamente lo que Cristo vivió y enseño, nuestras miserias habrían sido extirpadas, hubiéramos sido una especie más feliz”.

Cuando esos discípulos con los cuales Jesús inicia esta aventura de encuentro de Dios con los hombres se le acercaron un día diciéndole: “Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir”; Jesús le respondió: “No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro” (Lucas 9,46 y ss).

El problema de ser líder está en que si no tenemos los pies en la tierra nos parece que lo único bueno, o recto, es lo nuestro; quiero que oigamos lo que dice la Sabiduría de Dios en el libro de los Proverbios 21,1-6.10-13: “Pero es Dios quien pesa los corazones, practicar el Derecho y la Justicia Dios los prefiere a los sacrificios; los planes del diligente traen ganancia, los del atolondrado traen indigencia. Afán del malvado es buscar el mal, no mira con piedad a su prójimo. Quien cierra los oídos al clamor del necesitado, no será escuchado cuando grite”.

Mi opinión de hoy, es precisamente invitarlos a presenciar las características de la inteligencia de un hombre con Sabiduría, como Jesús, a la de nuestros líderes de cualquier instancia, pues chocan con este mundo; chocan tanto con el capitalismo, como con el socialismo.

Los líderes que entran a la escuela de Jesús aprenden a que el mundo no tiene que girar alrededor de ellos; Jesús les enseña a vacunarse contra la competencia depredadora y contra las raíces del individualismo. Líderes que entiendan el placer en servir, que en servirse de los demás o de lo de los demás; líderes que aprendieran a darse sin esperar nada a cambio, que estimularan la inteligencia unos a otros y abrieran las ventanas del espíritu humano, que tanto nos falta, para poder ver el cambio real y un mundo feliz.

Sacerdote, párroco en María Madre de la Iglesia en Vipasa y Prados del norte, fue director del Centro de Investigaciones de la Arquidiócesis de Cali, profesor de Teología en el Seminario Mayor San José de Panamá, y párroco en Buga y en Cúcuta. Escribe para El País desde 1999

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