Columnista
El país que corre y no alcanza
Un llamado de atención para gobernantes y empresarios que celebran la popularidad del momento mientras los mejor preparados del país ya piensan en otra parte.
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26 de oct de 2026, 01:14 a. m.
Actualizado el 26 de oct de 2026, 01:15 a. m.
Por razones de oficio, buena parte de mis días transcurre entre conversaciones con profesionales de toda Latinoamérica, encuentros en los que percibo una curiosa distorsión del tiempo, como si la intensidad de los acontecimientos políticos de sus países les hiciera sentir que han pasado años cuando apenas transcurren semanas. Esa impresión, compartida entre la admiración y cierto recelo, cobra especial fuerza en Colombia, donde la nueva administración parece haber comprimido un bienio de gobierno en poco menos de tres meses.
Y algo explica esa sensación, pues hoy se siente más gobierno que hace un año, con decisiones que llegan sin tanta espera y una agenda pública que recupera el pulso perdido. Pero ese desgaste acelerado revela que el capital político de la luna de miel se ha consumido a una velocidad inusual, no tanto por la magnitud de las decisiones como por el desgaste de un tono que parece agotar la confianza antes de consolidarla.
Basta revisar las cuentas del hogar para advertir que, mientras los decretos avanzan, los salarios pierden terreno frente al costo de vida. Lo saben quienes buscan construir patrimonio dentro de la economía legal, en un país cuya informalidad y capitales ilícitos también alimentan hábitos de consumo ajenos a la productividad del trabajo formal, hasta distorsionar nuestra percepción de lo que significa salir a flote.
Esa distancia la conocen quienes insisten en salir adelante por las vías formales, enfrentados a dos caminos que, con frecuencia, resultan ingratos. De un lado, organizaciones en las que las roscas pesan más que el mérito y la experiencia no siempre se traduce en mejores ingresos; del otro, el emprendimiento, primera esperanza para algunos y último refugio para otros, una apuesta en la que el esfuerzo cuenta, pero la suerte puede inclinar la balanza con la imprevisibilidad de una moneda al aire.
No sorprende, entonces, que Colombia lleve más de una década viendo partir a una parte valiosa de su talento, en medio de un éxodo reciente que supera el millón de compatriotas. Muchos encontraron fuera lo que aquí parecía esquivo, mejores oportunidades para su experiencia, y hoy contribuyen a la riqueza nacional con remesas cercanas a trece mil millones de dólares anuales, buena parte procedente de Estados Unidos. Una paradoja reveladora, pues el país recibe los frutos de capacidades que otros mercados supieron valorar mejor.
Vale la pena mirar esa realidad sin prejuicios geopolíticos, pues el atractivo de ese destino tiene menos que ver con afinidades ideológicas que con la profundidad de su mercado, la disponibilidad de capital y una estructura productiva capaz de dar mayor valor al conocimiento. Y como hemos señalado en otras ocasiones, existen vías migratorias que reconocen el aporte de profesionales cuyas capacidades representan un interés nacional, abriendo posibilidades para trabajar, crecer y recibir una mejor remuneración por su experiencia, lejos de cualquier entusiasmo por una bandera.
Prosperar no es fácil en ninguna parte, aunque existen economías con un suelo más fértil para convertir el trabajo en patrimonio. Tras años de estudio, cualquier profesional aspira a dar previsibilidad a su vida, comprar casa, educar a sus hijos y envejecer con tranquilidad, metas válidas incluso si exigen dejar atrás afectos y raíces. La velocidad de un gobierno dice poco si el progreso real solo empieza cuando el talento elige dónde vivir sin resignarse a lo que el mercado local le impone.
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Claridades: A la justicia ya le tocó anularle una reelección por nombrar parientes de quienes lo eligieron, y hoy ese mismo perfil jurará como Ministro del Interior en un gobierno que promete, otra vez, romper con la vieja política. ¡Bienvenida de nuevo!

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.
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