Columnistas
La violencia siempre gana
Pierden todos, menos los violentos, porque hagan lo que hagan, nadie sabe cómo detenerlos.
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27 de ago de 2026, 01:04 a. m.
Actualizado el 27 de ago de 2026, 01:04 a. m.
En el fútbol colombiano, la violencia siempre gana. Es increíble, pero cierto. Gana porque los actos vandálicos ocurren a menudo (solo cambia el escenario y, a veces, las hinchadas), y parece que las autoridades y, sobre todo, los gobiernos, siguen sin encontrar la manera de evitar que esto se repita. Es allí donde pierden quienes nunca deberían perder: el niño que se queda en casa porque a su padre le da miedo llevarlo al estadio, el vendedor que tiene que recoger su mercancía asustado y salir corriendo, el futbolista que desea tener una tarde o noche soñada y debe irse a casa con un nudo en la garganta. Pierden todos, menos los violentos, porque hagan lo que hagan, nadie sabe cómo detenerlos.
Lo que ocurrió el pasado 22 de agosto entre las hinchadas de Santa Fe y el América en El Campín de Bogotá, es lo más canalla que he visto en el último tiempo por parte de estos personajillos que se hacen llamar ‘barristas’. Porque cuando Colombia busca reconstruirse luego del terrible terremoto de hace un par de semanas, a esta gente (si es que se le puede llamar de esta manera), se le ocurrió la brillante idea de acuchillar al otro por un pedazo de tela. Es tan inmensa la estupidez de estos criminales, como el desdén de las autoridades para prevenir estos hechos.
En lo personal, me encuentro exhausto de ver siempre la misma escena, repetida en diferentes canchas: desmanes que nadie puede controlar, partidos suspendidos, familias con miedo en las gradas, políticos dándose golpes de pecho al prometer soluciones y sanciones que no logran absolutamente nada. Alguien me puede explicar, por ejemplo, por qué seguimos viendo a vándalos con cuchillos dentro de los estadios.
Después del terremoto, y de ver la enorme solidaridad de muchos de nuestros compatriotas con quienes lo perdieron todo, le tocaba al fútbol (generador de ilusiones por excelencia) el turno de volver para demostrar que el deporte también es una manera de sacar nuestra mejor versión, pero por culpa de estos sujetos todo se fue al traste. Es insólito escuchar cómo dicen que aman a sus clubes, cuando lo único que hacen es utilizarlos para justificar su violencia. No son hinchas, solo son unos pobres criminales que se camuflan bajo un color.
Por eso mismo, la única solución válida para tratar de frenar este problema de siempre es empezar a tratar a estos tipos como lo que son, unos delincuentes que deben estar de por vida a metros de los estadios. Porque en la cancha, ese lugar sagrado donde nacen las ilusiones, la violencia jamás debería ganar el partido.

Periodista apasionado por los deportes, los goles, la literatura y la redacción digital. Vinculado a mi casa, El País, desde el 2013.







