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La revolución del cuidado llega a Cali

La experiencia demuestra que los recursos materiales no reemplazan el afecto.

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Angela Cuevas de Dolmetsch
Angela Cuevas de Dolmetsch | Foto: El País

10 de jul de 2026, 02:22 a. m.

Actualizado el 10 de jul de 2026, 02:22 a. m.

Esta semana Cali recibe a mujeres de diversos países para participar en el XXXIV Congreso Internacional de Economías Feministas. Que este encuentro tenga lugar en nuestra ciudad no es casualidad. El Observatorio para la Equidad de las Mujeres de la Universidad Icesi, ese “segundo hijo”, como lo llama la académica Lina Bucheli, hizo posible que Cali fuera la sede. Junto con la Mesa de Economía Feminista de Bogotá, Oxfam y Open Society Foundations, le apostaron a nuevas rutas para que la mirada de las mujeres fuera la regla y no la excepción.

En paralelo, la Asociación Latinoamericana de Académicas que Trabajan en Derecho y Género (ALAS) realiza un conversatorio sobre el cuidado ante la ley. Se trata de una discusión que lleva décadas buscando reconocimiento. Recuerdo el Foro Mundial sobre la Mujer de Beijing, en 1995, cuando las abuelas chinas marchó para exigir que el trabajo de cuidar a sus nietos fuera reconocido económicamente e incorporado en el producto interno bruto.

Mucho ha cambiado desde entonces. En varios países escandinavos el Estado asume buena parte de la manutención y del cuidado de las personas con discapacidad. Sin embargo, la experiencia demuestra que los recursos materiales no reemplazan el afecto. La filósofa Carol Gilligan lo explica con claridad cuando plantea la ética del cuidado: es a cada cual de acuerdo con sus necesidades, entendiendo que la vulnerabilidad exige una atención diferenciada. Esa capacidad de cuidar, históricamente ejercida por las mujeres, continúa siendo uno de los pilares invisibles sobre los que se sostiene la sociedad.

También ocurre con las personas mayores. Muchas prefieren permanecer en sus hogares antes que ingresar a una institución, aun cuando ello implique asumir riesgos. El cuidado no puede reducirse a un servicio; es una relación humana construida sobre vínculos, afecto y presencia.

En América Latina, donde la familia extendida sigue siendo una realidad, las abuelas desempeñan un papel decisivo. Con frecuencia son ellas quienes crían a los nietos cuando los padres trabajan o cuando el padre ha abandonado el hogar. Más tarde, esas mismas abuelas vuelven a abrir las puertas de su casa para recibir a hijos y nietos, convirtiéndose en el verdadero eje de familias que, sin proponérselo, terminan siendo familias matriarcales.

Todavía estamos lejos de reconocer económicamente ese trabajo. Colombia ha avanzado con programas que apoyan a las familias y con subsidios para las personas mayores sin pensión, pero el cuidado continúa siendo una labor indispensable y, al mismo tiempo, insuficientemente valorada.

Quizá esa sea la principal enseñanza de los encuentros que esta semana tienen lugar en Cali. Las cerca de veinte abogadas y un abogado que participaron en el conversatorio de ALAS coincidieron en una idea fundamental: la academia debe salir de sus aulas y construir conocimiento junto a las comunidades. Solo así será posible transformar las políticas públicas y avanzar hacia una sociedad que reconozca que cuidar no es un asunto privado de las mujeres, sino una responsabilidad colectiva y un verdadero motor del desarrollo.

Twitter: @atadol

Facebook: Angela Cuevas de Dolmetsch

Profesión Abogada, PhD en Gobierno de la London School of Economics. Fue directora del programa de TV el Agora y la Lupa. Miembro de La Comisión Preparatoria sobre Administración Pública de La Asamblea Nacional Constituyente 1991. Promotora y madre del Artículo 40 de la Constitución o Ley de cuotas 1991. Miembro del Comité Asesor de Poder de “El País” 2010. Escribe para el periódico desde el 2005.

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