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La posesión va por dentro…
Fueron días y noches de mucho dolor, iniquidad, zozobra y sangre inocente derramada, navegando entre cultivos de coca.
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7 de ago de 2026, 02:14 a. m.
Actualizado el 7 de ago de 2026, 02:14 a. m.
Parece que hubieran pasado siglos y que, desde entonces, estuviéramos esperando la llegada mesiánica de un líder honesto y capaz de llevar las riendas de nuestro país, sumido hasta ayer en la más profunda y demencial depravación estatal, como he querido llamar a esta debacle demoledora de las instituciones y la moralidad pública.
Por piedad del Redentor, fueron solamente cuatro años. Pero este lapso fue suficiente para conocer las más oscuras y ruines intenciones de un ser humano que pareciera pertenecer a una especie distinta, turbia y en procura del mal común, encaminado a satisfacer sus más lascivos instintos de poder destructor.
Fueron días y noches de mucho dolor, iniquidad, zozobra y sangre inocente derramada, navegando entre cultivos de coca.
Pero llegó la luz y elegimos a un gran ser humano; migramos de la Patria Miseria a la Patria Milagro, regida por la axiología administrativa, la deontología jurídica y los principios y valores inmutables y perennes. Esos que no conoció Petro y a los que no les dio el lugar que un estadista debe darle a los principios de una República democrática como Colombia; a un Estado Constitucional de Derecho.
Hoy recibimos con júbilo y henchidos de emoción a nuestro nuevo presidente, el Dr. Abelardo Gabriel De La Espriella Otero. Es un día para celebrar y para unirnos; lo de ayer no se trae a colación, sino únicamente para tenerlo como un retrovisor de lo que jamás debe hacerse en una nación digna de un representante probo, determinado y docto. Hoy entonaremos nuestro himno nacional con orgullo patrio: luzcan sus camisetas de ‘la Sele’, icen y ondeen sus banderas tricolores, preparen recetas de nuestra exquisita gastronomía y que suenen cumbias, bambucos, vallenatos, currulaos, pasajes y guabinas; pero, sobre todo, ámense, ayúdense y respétense profundamente.
Nos llegó la hora de lucir nuestro mejor traje, de ser esas buenas personas que somos: sin miedo, con entereza, sonrientes, decididos y camelladores como pocos. Saquemos a relucir esa raza y esa casta muisca, calima y caribe en su mejor versión, que no es la de la malicia indígena, sino la de la pujanza, el tesón y la cordialidad.
Mucho se dijo y no fue fácil, como era previsible, lograr que hoy Santiago de Cali nos recibiera con sus sabores y colores para la posesión de El Tigre. Unos hablaban de las dificultades de orden administrativo, otros pontificaban sobre la regulación jurídica y normativa, algunos ponían el dedo en la llaga del aspecto económico y otros, simplemente, se opusieron por razones nimias, fútiles, baladíes y estériles de carácter ideológico. Así, hubo muchas voces en contra y fueron pocas las que trabajamos y apoyamos este acto solemne de posesión, pensado inicialmente en el Cauca y hoy celebrado en la capital del suroccidente colombiano. Lo cierto es que esto tiene el sustento jurídico irrefutable amparado por la Ley 5 de 1992 de nuestro sistema legislativo bicameral.
Finalmente, es una realidad; y dondequiera que hubiera sido, incluso en las más apartadas latitudes de nuestra preciosa geografía, la posesión va por dentro. Este no es un mero juego de palabras del adagio popular. He elegido este rótulo editorial porque, conociendo a Abelardo y sintiendo este momento histórico como un potente motor emocional lleno de pasión, me atrevo a decir que los sentimientos patrióticos van mucho más allá del lugar, que de suyo es importante y simbólico. El fondo es realmente trascendental. Estamos pasando de la noche oscura y tenebrosa al día sonriente que resplandece en nuestros corazones, de la mano de Dios y con la fe incólume, muy a pesar de los intentos por desnaturalizar nuestro orden jurídico y constitucional; el bien más preciado de nuestra democracia.
Considero oportuno citar al Dr. Mauricio Gaona en su obra La Constitución soy yo, trayendo a colación una de las tantas frases empapadas de sabiduría y alta confección filosófica, que reza: “Cuando se quiebran los pilares de la ley por voluntad del gobernante, el autoritarismo —disfrazado de democracia— da paso a la dictadura». Dice el profesor Gaona sobre la figura del dictador del socialismo del Siglo XXI que, «en vez de utilizar las armas para ascender y transformar el poder, utiliza la versión más alterada de la Constitución que le permitió llegar a él para convencer a la sociedad de que esa misma Constitución es un obstáculo para alcanzar la justicia en virtud de la voluntad popular que asegura representar”. Esta postura no puede ser más ruin y desoladora.
Desconoce de un plumazo lo que sabiamente promovía el jurista romano Marco Tulio Cicerón, quien en su pensamiento jurídico nos dejó esto como gran legado: «Legum servi sumus ut liberi esse possimus», que al castellano se traduce: «Somos siervos de las leyes para poder ser libres». Y esto, en resumidas cuentas, fue lo que hizo el dictadorzuelo con ínfulas imperiales de Petro, contravenir y atacar el orden, promoviendo el caos e incluso la anarquía. Aberrante.
Pero llegaron las buenas nuevas, la bienaventuranza, el evangelio y los cantares de gesta: de la gesta del Dr. Abelardo y su competente y comprometido equipo, que, con su argumento central, justifica por qué el nuevo gobierno representa una salvaguarda institucional.
Hoy no es un 7 de agosto más, así, escuetamente lo marquen el almanaque y sus calendas actuales. Nos merecemos este día. Llegó la hora de gritar a voz en cuello: «¡Viva Colombia!». Somos dignos de un gobierno decente que dará resultados positivos en favor de los asociados.
Para algunos puede sonar romántico y hasta cursi, pero de ahí parte todo: de lo fundamental, como decía el maestro Álvaro Gómez Hurtado en nuestra alma mater, la Universidad Sergio Arboleda. Conozco los sentimientos de El Tigre, sé de su fe y su amor por Colombia, por la familia como núcleo primario de la sociedad; sé de su pasión como defensor de las garantías de quienes están bajo su tutela y del carácter aguerrido, pero sensato, que imprimirá a su gobierno.
Bienvenido, amigo, compañero y colega. Bienvenido, Dr. De La Espriella. Bienvenida, nuestra Patria Milagro y bienvenida la mano bendita de nuestro Señor iluminando su camino y encauzando sus decisiones. ¡Bienvenido, señor presidente, y que Dios nos bendiga!
Abrazo cálido. Seguimos trabajando. Llegó el momento.
@muiscabogado

Abogado bogotano de 48 años. Egresado de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho Comercial y Financiero, DDHH y DIH. Asesor, consultor, litigante en asuntos de derecho público y privado desde hace 24 años. Defensor de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.







