Columnista
La gratitud eterna con el médico
En el Valle hemos tenido varios médicos, desde el primer gobernador Pablo Borrero Ayerbe hasta Raúl Orejuela Bueno, Ernesto González y hoy a Dilian Francisca Toro.
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15 de feb de 2026, 12:20 a. m.
Actualizado el 15 de feb de 2026, 12:20 a. m.
En esta semana asistí a la misa por los 70 años de la ginecóloga María Cecilia Arturo Rojas. Todas las generaciones allí presentes, obviamente en su mayoría mujeres, compartían un sentimiento: gratitud. Cuántos cánceres superados; décadas de partos complejos; cientos de problemas de fertilidad transformados en bellas familias. Es una especialidad que acompaña a la mujer en tantas facetas trascendentales de su vida: su adolescencia; hacerse amante con riesgos claros; esposa con embarazos fallidos y el temor de no ser madres; la sexualidad llena de interrogantes y retos; la madurez incomprendida.
Cuánta calidad humana y profesional se requiere para llegar a esta etapa de la vida en medio del reconocimiento colectivo de las pacientes y de sus familias, incluso el de sus colegas, pues recientemente la doctora Arturo recibió el grado de Maestra en Ginecología y Obstetricia por parte de la Asociación Vallecaucana de esas áreas. En otras etapas de la vida he recibido la llamada de la doctora Arturo para que en El País o RCN le abriéramos las puertas para divulgar otra de sus especialidades: la menopausia, con los mitos y realidades que representa esta etapa. Esa ha sido la vida de María Cecilia, un apostolado en función de la mujer.
Mirando en la eucaristía a los asistentes felices, pensé en todas las profesiones: los honorarios cubren el trabajo del profesional, pero con los médicos, así cobren lo que corresponde, se establece un vínculo de aprecio y agradecimiento que ninguna suma económica nos deja a paz y salvo con ellos.
Comencé a recordar, como en cine, a los galenos que han pasado por la vida y a quienes no habría forma de cancelar la deuda de gratitud por su prontitud, profesionalismo y calidez con la que han estado en momentos complejos, porque al médico no se le visita sino en esos trances de dolor o incertidumbre. Pasaron uno tras otro Carlos Quintero, Carlos Starck, Julio Cesar Reyna, José Raúl Tello, Ronald Matta, Alfredo Pedroza, Willy Stangl, Héctor Fabio Cruz, Antonio Joaquín García, Luis Javier Aluma, Carlos Salgado, Diego Fajardo, Gilberto Cabal, Julio Palacios y la lista podría ser más larga a pesar de la buena salud que, gracias a Dios, nos ha acompañado.
Así, pasé a comprender por qué, cuando los médicos deciden hacer política, son tan exitosos. Es cierto que hay cualidades que ayudan: saben trabajar en equipo, tienen pensamientos claros, aprenden a actuar bajo presión y son profundamente racionales en medio de la inteligencia emocional para tratar con sus pacientes, pero si a eso se le suma la ya mencionada gratitud, se hace imposible decirle al ‘doctor’ que no le daremos el voto o que no haremos campaña por él. Hay nombres reconocidos como Michelle Bachelet o el ‘Che’ Guevara. En el Valle hemos tenido varios médicos, desde el primer gobernador Pablo Borrero Ayerbe hasta Raúl Orejuela Bueno, Ernesto González y hoy a Dilian Francisca Toro. También por la Alcaldía han pasado Vicente Borrero Restrepo, Rodrigo Guerrero y Jorge Iván Ospina, para recordar algunos de los más representativos.
No quisiera terminar este homenaje sin incluir a mi héroe médico, mi tío Germán Ruiz Soto, Univalle promoción 1966, oncólogo, quien en Estados Unidos junto con otro vallecaucano, el endocrinólogo Carlos Mining, lograron hacer un emporio de salud. Me contó Germán, que en un amanecer, acompañando a un paciente con cáncer terminal, se quedó conversando con el sacerdote que había ido al hospital a orar con el moribundo y le confesó al Padre el poco tiempo que le estaba dedicando a Dios pues llevaba varios meses sin ir a misa, a lo que el sacerdote le respondió: “Doctor Ruiz, estas horas que usted pasa frecuentemente con los pacientes para sacarlos adelante o darles calidad de vida hasta su último respiro, valen ante Dios, mucho más que todas las oraciones”. Benditos sean estos profesionales.
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