Columnistas
La crisis liberal
He formado parte en muchas ocasiones del Directorio Liberal del Valle del Cauca y desde allí he sido impulsor de los candidatos a diversas posiciones y a la misma presidencia de la República.
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9 de abr de 2026, 01:16 a. m.
Actualizado el 9 de abr de 2026, 01:16 a. m.
A pesar de que Mauricio Cabrera, querido y admirado amigo, en reciente columna en este diario le expidió partida de defunción al Partido Liberal, yo pienso que no está muerto, sino en cuidados intensivos, del que puede salir si auténticos liberales como él y yo nos empeñamos en su recuperación. Un partido que obtiene 13 senadores y 32 representantes a la Cámara no está muerto, sino mal dirigido.
Yo nací en plena era de la Revolución en Marcha. Estaba en la presidencia Alfonso López Pumarejo, que logró imponer en la Constitución Nacional tesis auténticamente liberales, extraídas de las que fueron promulgadas en la Asamblea Nacional de la Revolución Francesa, antes de la llegada al poder de Napoleón.
López llevó a Colombia al mundo moderno, pues los regímenes conservadores no la dejaban salir del siglo XIX, y así fue como llegó al país el derecho de huelga, el concepto social de la propiedad, al expresar que es una función social que implica obligaciones, y varias otras que, a pesar de ser combatidas por los conservadores, dirigidos por Laureano Gómez, se convirtieron en normas constitucionales.
Mi familia paterna pertenecía al Partido Liberal, y seguía la cuerda de López Pumarejo hasta cuando le dio por volver a la presidencia en 1942, y mi padre acogió la candidatura disidente de Carlos Arango Vélez, que fue derrotado a pesar de su verbo ardiente en las plazas públicas, en donde se ganó el sobrenombre de ‘Ave de tormenta’.
En ese grupo familiar aprendí a ser liberal y, cuando crecí y tuve la conciencia mejor formada, intervine en la política de mi partido, y fue así como inicié como concejal y alcalde de Tuluá, mi pueblo natal, y de allí salté a las más altas instancias legislativas, participando en la Cámara en los debates de la Reforma Constitucional de 1968, presentada por el presidente Carlos Lleras Restrepo, que con mucha dificultad pudo lograrse su aprobación porque en ese momento el Frente Nacional ordenaba que ambas cámaras legislativas fueran paritarias y, como siempre, la derecha se oponía a los cambios que pretendía la reforma.
He formado parte en muchas ocasiones del Directorio Liberal del Valle del Cauca y desde allí he sido impulsor de los candidatos a diversas posiciones y a la misma presidencia de la República. Por tanto, tengo una deuda de gratitud con el Partido Liberal, y si Dios me da fuerza, intervendré en su proyecto de recuperación dirigido por líderes de la talla roja de Juan Fernando Cristo, Juan Carlos Losada y Camilo Romero, hoy vocero del Pacto Histórico, pero de tendencia liberal.
El primer paso es expulsar al director del partido, César Gaviria, quien ha sido en los últimos años el destructor de la colectividad, y que ahora tuvo el descaro de poner como candidata al Senado a su hija María Paz, afortunadamente ‘quemada’.
Hoy se cumplen 78 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, quien, junto a Rafael Uribe Uribe y Luis Carlos Galán Sarmiento, forma la trilogía de los máximos líderes liberales del siglo XX. Yo a la sazón era un chico de trece años, pero como integrante de una familia radicalmente liberal, viví la tragedia de aquella fecha en la que Colombia se fracturó políticamente, sin que haya encontrado ortopedista que la sane.
Tanto Rafael Uribe Uribe como Gaitán y Galán vivieron y murieron como auténticos portaestandartes del viejo trapo rojo. Me inclino reverente ante sus memorias.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
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