Columnistas
Entre bombos y platillos
Lamento aguar la fiesta, porque no hay nada de heroico ni de histórico en desatar una crisis diplomática a partir de trinos irresponsables y discursos incendiarios en la plaza pública
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9 de feb de 2026, 02:25 a. m.
Actualizado el 9 de feb de 2026, 02:25 a. m.
Me quedé con la imagen en la cabeza de decenas de dirigentes y líderes del país político que celebraban que el presidente Petro había cumplido sin ningún contratiempo su reunión con el presidente Trump. Mientras tanto, sus más fieles defensores organizaron cadenas de oraciones y al final del encuentro lo aplaudieron como si se tratara de una conquista diplomática sin precedentes. Si bien nuestra política ha sido famosamente parroquial, la semana pasada el debate público alcanzó nuevos niveles de parroquialismo en su liderazgo internacional y en la respuesta de sus partidarios locales.
Lamento aguar la fiesta, porque no hay nada de heroico ni de histórico en desatar una crisis diplomática a partir de trinos irresponsables y discursos incendiarios en la plaza pública, para luego dar pasos para resolverla como si se tratara de un logro del gobierno. Algo que nos recuerda lo poco confiable que es el liderazgo del presidente Petro es que el país le agradezca por representarnos correctamente en una reunión diplomática y no profundizar aún más la crisis. Pero no se trata de un presidente que estuviera ante una tarea salvadora y transformadora de la realidad: era apenas el caso de un gobernante que hacía lo que su tarea le exigía, sin más ni menos. La vara está muy baja si el debate público le agradece a un gobernante el acto de sentarse en un salón a escuchar a su contraparte y no desatar una tormenta.
Y es aquí donde debemos recordar que tampoco vimos nada nuevo: todos los presidentes modernos que vinieron antes de Petro sostuvieron varias reuniones y encuentros diplomáticos con presidentes norteamericanos, demócratas y republicanos por igual, y era apenas de esperar que como jefes de estado nos representaran con altura y diplomacia. Es necesario mirar en retrospectiva la cantidad de reuniones del mismo nivel que cualquier gobierno anterior sostuvo, para no aceptar la narrativa oficialista del petrismo de que lo logrado por Petro en la Casa Blanca fue algo sin precedentes y heroico. La historia de Colombia no empezó a ser escrita el 7 de agosto de 2022.
Difícilmente veremos algo más surreal y contradictorio que la escena de este nuevo establecimiento de la izquierda colombiana, poderoso y empoderado, encendiendo velas para que la reunión con el presidente Trump saliera bien. Pocos días antes, el petrismo purasangre gritaba envalentonado contra Trump, lo acusaba de los peores horrores y adoptaba un lenguaje en su contra propio de tiempos de guerra. En cuestión de minutos, el líder a quien aplaudían por su tono envalentonado cambió de parecer y prefirió el camino de un diálogo del cual no salió ganador. Los mismos que en un principio le aplaudían a Petro por su tono de confrontación y su retórica casi bélica, pocos días después terminaron por aplaudirle por una reunión en la que hizo todo lo contrario a lo que inicialmente predicó.
Esta crisis diplomática –y los aparentes pasos para resolverla– deben recordarnos los días tan difíciles que atraviesa en términos de liderazgo nuestro país, para llegar al punto de aplaudir y celebrar porque esta vez el presidente sí decidió representarnos correctamente, luego de haber dado inicio a un choque del que solo podíamos salir perdedores. Ahora falta que el presidente Petro lo cumpla, ante la tentación cotidiana de emitir discursos y escribir largos trinos buscando nuevas rivalidades y culpables frente a cada coyuntura.
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Posdata: en medio del caos y los egos en la conformación de las consultas (y del petrismo buscando participar en dos consultas con su candidato, a pesar de estar prohibido estrictamente), la Gran Consulta por Colombia acierta al mostrar orden y unidad. A tres meses de las elecciones presidenciales, es mucho lo que puede cambiar en el curso de cada semana: candidaturas que antes parecían invencibles ahora enfrentan tiempos de incertidumbre y rivalidades internas. Ojalá los integrantes de la Gran Consulta sigan respondiendo con claridad ante su crecimiento en las encuestas. El país necesita a la oposición democrática e institucionalista organizada en un mismo proyecto con posibilidades reales de ganar elecciones.
En X: @fernandoposada_

Politólogo de la Universidad de los Andes con maestría en Política Latinoamericana de University College London. Es analista político para varias publicaciones nacionales e internacionales, y consultor en temas de política pública, paz y sostenibilidad.
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