Columnistas
El héroe de la jornada
El Registrador Nacional demostró que la independencia institucional no es un simple principio constitucional, sino una condición indispensable para preservar la democracia.
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27 de jun de 2026, 01:43 a. m.
Actualizado el 27 de jun de 2026, 01:43 a. m.
En una democracia, la fortaleza de las instituciones suele ponerse a prueba precisamente cuando enfrentan la mayor presión política. El reciente proceso electoral colombiano dejó una lección que merece ser reconocida: el desempeño del Registrador Nacional estuvo a la altura de esa responsabilidad.
Durante meses, Petro mantuvo un discurso que sembró dudas sobre la transparencia del proceso electoral. Desde distintos escenarios públicos cuestionó la organización de las elecciones, insinuó posibles irregularidades y alimentó un ambiente de desconfianza que, en cualquier democracia, representa un riesgo para la legitimidad de las instituciones. En lugar de contribuir a fortalecer la confianza ciudadana, sus declaraciones terminaron polarizando aún más un país ya profundamente dividido.
Frente a esa presión, la Registraduría Nacional respondió con serenidad, rigor técnico y absoluto apego a la ley. El organismo electoral cumplió cada una de las etapas previstas en el calendario, garantizó la participación de los partidos, facilitó la observación nacional e internacional y actuó con la transparencia que exige un proceso de semejante trascendencia.
Especial reconocimiento merece la actitud del Registrador durante las horas posteriores a la jornada electoral. Mientras persistían intentos de desacreditar los resultados y se prolongaba el ambiente de incertidumbre, la Registraduría mantuvo una posición institucional firme: el único criterio válido sería el resultado oficial derivado del escrutinio y de los procedimientos establecidos por la legislación colombiana.
Esa conducta permitió que el país transitara de la tensión política a la certeza jurídica. Finalmente, la elección de Abelardo De la Espriella como presidente fue reconocida conforme a las reglas democráticas, no por la voluntad de un gobierno saliente ni por la presión de ningún sector político, sino porque así lo determinó la decisión soberana de los ciudadanos expresada en las urnas y el proceso fue ratificado por todas las organizaciones nacionales y extranjeras que lo vigilaron.
Las instituciones democráticas no existen para favorecer gobiernos ni oposiciones. Su misión consiste en garantizar que la voluntad popular prevalezca sobre las conveniencias políticas del momento. Precisamente por ello resulta tan valioso el comportamiento de la Registraduría en esta elección. Cuando desde la Presidencia se intentó cuestionar la credibilidad del proceso y se dificultó hasta el último momento el reconocimiento del mandatario elegido por los colombianos, el organismo electoral respondió con independencia y profesionalismo.
Hay que reconocer también que el candidato Cepeda se haya distanciado de Petro y que, aún con diferencias sobre algunos aspectos, haya reconocido los resultados de la elección, evitándole al país confrontaciones que nadie sabe hasta dónde hubieran llegado.
La historia suele recordar a quienes, en los momentos decisivos, prefieren defender las instituciones antes que ceder a las presiones del poder. El Registrador Nacional demostró que la independencia institucional no es un simple principio constitucional, sino una condición indispensable para preservar la democracia. Esa actuación merece el reconocimiento de todos los colombianos, independientemente de sus preferencias políticas, porque la confianza en las elecciones constituye el patrimonio más valioso de cualquier Estado democrático.
Ahora el Presidente electo tiene en frente un gran reto y el desafío de cumplir con su promesa de gobernar para todos los colombianos. Esperemos que lo logre y que Colombia pueda salir avante de este funesto período que al fin termina.

Ingeniero industrial, Presidente de Asocaña por casi veinte años, consultor privado y miembro de múltiples juntas directivas en los sectores financiero, industrial, energético, servicios, educativo y de investigación. Escribe para El País hace más de veinte años.
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