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Cuando el juicio también compite
Surya Bonaly fue una patinadora extraordinariamente atlética, conocida por ejecutar acrobacias poco comunes en el patinaje artístico, con un estilo que rompía con el modelo tradicional de elegancia y estética dominante durante décadas.
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14 de mar de 2026, 02:23 a. m.
Actualizado el 14 de mar de 2026, 02:23 a. m.
La carrera de Surya Bonaly suele aparecer en debates sobre prejuicios en el deporte porque muchos consideran que su talento pudo ser mejor valorado por los jueces que la calificaron en diferentes eventos. Fue una patinadora extraordinariamente atlética, conocida por ejecutar acrobacias poco comunes en el patinaje artístico, con un estilo que rompía con el modelo tradicional de elegancia y estética dominante durante décadas. Bonaly nunca consiguió ganar un campeonato mundial ni una medalla olímpica lo que alimentó el debate sobre posibles sesgos en su contra, relacionados no solo con su estilo, sino también con factores como la reputación, su raza o ciertos estereotipos culturales presentes en el deporte.
En los Juegos Olímpicos de Invierno de 1998, realizó un salto mortal hacia atrás aterrizando en un solo pie, una maniobra prohibida, en ese entonces, la cual se ha convertido en uno de los momentos más emblemáticos en la historia del patinaje artístico, y revela a una atleta rebelde que protestaba ante las que consideraba unas injustas calificaciones a su performance deportivo.
La historia de Bonaly ilustra una realidad más amplia. En el deporte solemos creer que todo se decide en la cancha, en la pista o en el agua. La imagen que se promueve es la de una competencia justa en la que el mejor desempeño se impone sin discusión. Sin embargo, en varias disciplinas, el resultado no depende únicamente de cronómetros, metros o puntos objetivos, sino también del juicio humano. Y allí aparece un factor tan antiguo como difícil de eliminar: el prejuicio.
En deportes como la gimnasia, el patinaje artístico, los clavados o el boxeo olímpico, los jueces deben interpretar lo que ven. Evalúan aspectos como técnica, ejecución, dificultad, estilo o elegancia. Aunque existen criterios definidos, en la práctica la valoración siempre pasa por el filtro de la percepción humana. Y donde hay percepción, existe margen para el sesgo.
Los jueces podrían tender a favorecer a atletas de su propio país, raza, cultura. Así mismo podrían sentirse abrumados ante un equipo o deportista al que preceda su gran prestigio en detrimento de los debutantes. Quizás también sus ideales de belleza o artísticos entren en conflicto con aquellos que representen deportistas innovadores. El mismo orden de aparición podría incidir en la calificación, tanto por cansancio al final de una jornada, como por la comparación con otra presentación previa que pueda haber sido extraordinaria o muy regular.
Cuando el prejuicio interviene en la evaluación, la confianza en la justicia deportiva se debilita. Los atletas pueden sentir que no basta con hacerlo bien, mientras el público empieza a sospechar que el resultado no siempre refleja el mérito. Por ello, las federaciones deportivas han introducido mecanismos para reducir estos riesgos, como paneles internacionales de jueces, sistemas de puntuación más detallados, eliminación de notas extremas y un mayor uso de tecnología y video.
Aun así, el desafío persiste. Mientras existan deportes que dependan de la interpretación humana, el juicio seguirá formando parte de la competencia. La verdadera meta es acercarse cada vez más a una evaluación en la que el talento pese más que cualquier prejuicio.

Administrador de empresas, especialista en Mercadeo de la Icesi, trabajó como Presidente del Comité Permanente del Deporte de la Cámara de Comercio de Cali, ex Secretario del Deporte y la Recreación de Cali, fundador de Juancho Correlón, empresario.
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