Columnista
¡Al infinito y más allá!
¿Será que nuestros niños sí necesitan que los salvemos de la tecnología?
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14 de jul de 2026, 01:13 a. m.
Actualizado el 14 de jul de 2026, 01:13 a. m.
“Nuestra misión en este mundo es hacer felices a nuestros niños jugando con ellos”, exclamó Buzz Lightyear al intentar salvar a toda una generación de niños de la era digital que los consume. Pero, ¿será que nuestros niños sí necesitan que los salvemos de la tecnología?
La semana pasada fui al cine a ver Toy Story 5, debo confesar que fui con bajas expectativas, pues al ser una película que me ha acompañado desde mi niñez, cuando vi que había una quinta versión mi primer pensamiento fue “seguro ya perdió el significado”.
Me alegra decir que salí gratamente satisfecha, tras haber reído, llorado, y reflexionado con una generosa porción de crispetas. Sin embargo, no salí sintiendo que había descubierto una revelación secreta sobre esta generación ‘Alfa’, ni que los adultos somos los maestros de la era digital, y mucho menos que nuestro rol como adultos es acabar con la tecnología.
Sinceramente salí con más preguntas, no tanto en torno a cómo ‘salvar’ a nuestros niños, sino más hacia, ¿cómo podemos encontrar el punto medio entre el juego y la tecnología de manera sana y constructiva? ¿Estamos dándoles juegos o espacios para jugar? ¿Cómo pretendemos que los niños aprendan a habitar el aburrimiento y la fluctuación de sus emociones si nosotros, como adultos, no lo hacemos? ¿De qué manera podemos enseñar a los niños a ‘entrar y salir’ del mundo virtual de forma saludable, sin que la desconexión se sienta como un castigo, sino como una transición natural hacia otra experiencia?
La realidad es que la tecnología hace parte de nuestras vidas, por ende es inevitable que haga parte de la de los niños. Los adultos utilizamos la tecnología para comunicarnos, para trabajar, para buscar ayuda, para saber a dónde vamos, para viajar, para encontrar soluciones y respuestas rápidas, para compartir momentos importantes, para conectar, para redactar, para corregir, para reflexionar, para hacer plata, para buscar pareja, y hasta para jugar. Entonces preguntémonos, ¿le estamos exigiendo al niño una capacidad de presencia y autorregulación emocional ante la desconexión y el aburrimiento que nosotros mismos no poseemos? Y ¿con qué autoridad creemos que la solución es erradicar la tecnología de la vida de nuestros niños?
No podemos prevenir que nuestros niños crezcan en un mundo digital, pero aunque no lo crean si hay mucho que está bajo nuestro control como adultos, tanto en casa como en el colegio y en contextos sociales. Principalmente, 1) Qué ejemplo les damos en torno al rol que ocupa la tecnología en nuestras propias vidas, 2) Cómo estructuramos las rutinas del hogar/colegio/encuentros sociales para priorizar la conexión humana y no las pantallas, 3) Cómo gestionamos nuestra propia incomodidad frente a momentos de aburrimiento o frustración de nuestros niños, evitando usar las pantallas como ‘distractor principal’, 4) Qué valor le damos a nuestra presencia emocional y física cuando se apagan los dispositivos, para asegurarnos de que el mundo real sea más atractivo y seguro que el virtual.
Por encima de todo estoy de acuerdo con la comisaria Jessie cuando dijo que “No podemos decidir cuándo ni cómo crecen, lo único que podemos hacer es estar ahí para ellos en el momento indicado, amarlos y apoyarlos en el camino”. Porque nuestro rol como adultos es guiar, redirigir, educar, apoyar y sostener; pues criar no es moldear niños que piensen y sientan como a nosotros nos conviene, sino ser el suelo firme que los acompaña mientras ellos descubren su propia forma de habitar el mundo.
Qué valientes son los padres que no llevan dispositivos a los restaurantes, qué valientes son los padres que les hablan a sus hijos en el bus/carro/metro en vez de darles pantallas, qué valientes son los padres que permiten y sostienen el malestar de sus hijos en los lugares públicos, qué valientes son los padres que no se avergüenzan por las pataletas de sus hijos sino que buscan maneras de co-regular y apoyar.
Pero, ¿será que si son valientes? ¿O simplemente están haciendo lo que, por naturaleza, hacían los cuidadores antes de que la tecnología dominara la crianza? Aquellos que no dependían de un aparato para poder redirigir, calmar, y sostener a los niños en todas sus facetas.
Como ya les dije, salí con muchas preguntas de esa sala de cine, y como escritora pienso que vale la pena compartirlas, para que así la reflexión frente a este tema sea colectiva y genere transformación.
Como educadora, me encantó Toy Story 5 porque nos brinda una mirada importantísima al contexto familiar de los niños y cómo, en algunos casos, la escuela puede ser más reparadora social y emocionalmente para los niños que su propio hogar.
Como psicóloga, pienso que esta película nos deja un mensaje fundamental a nosotros adultos y es el siguiente: “Ustedes son su modelo de vida principal, y están siempre enseñando con el ejemplo. Empieza por ti, poniendo en práctica lo que buscas ver en ellos.”
Y para aquellos que se identifican como parte de los adultos mencionados anteriormente, les confirmo que Buzz Lightyear si tiene razón; nuestra misión en este planeta es hacer felices a los niños, pues ellos siempre son los determinantes del futuro, pero para hacerlos felices la clave no es complacerlos. Así que soltemos nuestros aparatos y mirémoslos a los ojos, para así entender verdaderamente al ser humano pensante y sintiente que tenemos al frente, con necesidades, deseos, sueños, anhelos y esperanzas. Depende de nosotros cómo ellos aprenden a verse a sí mismos en este mundo.
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