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Ahora le toca al Valle

Necesitamos cerrar brechas sociales, recuperar la seguridad, impulsar la competitividad y exigir las obras que el Valle lleva décadas esperando.

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Edwin Maldonado. | Foto: Especial para El País

24 de jun de 2026, 03:03 a. m.

Actualizado el 24 de jun de 2026, 03:03 a. m.

Colombia acaba de vivir una de las elecciones más participativas de su historia reciente. Más de 26,7 millones de ciudadanos votaron —cerca de dos millones más que en 2022— con una participación del 63,59 %, récord histórico en una segunda vuelta presidencial. La diferencia fue de apenas 250.830 votos. Una victoria estrecha, pero clara.

Lo que no fue claro fue el comportamiento de quienes perdieron. Por primera vez en la historia reciente del país, ni el presidente en ejercicio ni el candidato derrotado reconocieron plenamente el resultado. Dijeron que lo harían cuando salieran los escrutinios. A la fecha de escribir esta columna, ninguno de los dos lo había hecho, a pesar de que cerca de 9000 jueces y notarios confirmaron una coincidencia del 99,997 % entre el preconteo y el resultado definitivo. Las democracias no solo se sostienen sobre instituciones. También requieren comportamientos democráticos. Reconocer cuando se pierde es la prueba más exigente de ese compromiso.

La campaña también dejó preguntas sin respuesta. La Misión de Observación Electoral alertó sobre la presencia de grupos armados en varias regiones. Surgieron denuncias sobre comportamientos electorales atípicos en municipios del Pacífico y el sur del país. Y durante meses se cuestionó si el gobierno usó la burocracia y la contratación pública con fines electorales. Nada de esto deslegitima el resultado nacional, pero todo exige investigación rigurosa y transparente.

A pesar de todo, la democracia resistió y produjo un cambio de rumbo. Pero si a nivel nacional esa elección cerró un ciclo, en el Valle del Cauca dejó una preocupación legítima.

El Valle volvió a votar mayoritariamente por la continuidad. Iván Cepeda obtuvo el 61,74 % de los votos en el departamento y el 60,63 % en Cali. Esto sería comprensible si el gobierno saliente hubiera cumplido lo que prometió. No fue así. El Valle termina este periodo con más inseguridad, más extorsión, estructuras criminales más fuertes en el Pacífico y proyectos estratégicos en pausa: el Tren de Cercanías, Mulaló-Loboguerrero, la modernización aeroportuaria y las deudas históricas con Buenaventura. Una región que aporta cerca del 10 % del PIB nacional sigue esperando que alguien la tome en serio.

Sería fácil explicar esos resultados solo por la contratación pública o la presión de grupos armados. Son factores que merecen investigación. Pero no cuentan toda la historia. Millones de ciudadanos sienten que sus oportunidades son escasas, y ese malestar ha sido aprovechado sistemáticamente para profundizar la confrontación social, el resentimiento frente a las instituciones y la desconfianza hacia el sector productivo.

Ahora que perdieron la elección nacional, es previsible que concentren sus esfuerzos en las próximas elecciones regionales. Y a la luz de las cifras, parten con ventaja.

Sin embargo, no todo está dicho. En 2022, el proyecto de Petro obtuvo el 65,34 % en el Valle y el 65,29 % en Cali. En 2026, Cepeda bajó al 61,74 % y al 60,63 %, respectivamente. La oposición pasó del 34,66 % al 38,26 % en el departamento, y del 34,71 % al 39,37 % en Cali. La brecha entre ambos bloques se redujo 7,2 puntos en el Valle y 9,32 puntos en Cali en apenas cuatro años.

Y hay un dato que no puede ignorarse: parte de ese crecimiento proviene de ciudadanos que en otro momento habrían preferido no tomar partido, pero que esta vez decidieron participar. Ese es el electorado que probablemente definirá las elecciones de 2027.

Las próximas elecciones regionales serán un escenario completamente distinto. Sin la ventaja de ser gobierno nacional, sin la narrativa del cambio y con la obligación de responder por cuatro años de resultados, ese proyecto político llegará en condiciones diferentes. Nada está garantizado para nadie.

Lo que ocurrió a nivel nacional deja una lección importante. Millones de colombianos provenientes de sectores distintos entendieron que había objetivos superiores que requerían construir mayorías. No pensaban igual en todo. Pero coincidieron en lo fundamental. El resultado fue un cambio de rumbo.

Ese mismo ejercicio le corresponde ahora al Valle del Cauca. Si quienes creemos en la seguridad, la iniciativa privada, la generación de oportunidades, la movilidad social, la institucionalidad y el desarrollo seguimos divididos, fragmentados y atrapados en cálculos personales, les estaremos facilitando el camino a quienes han demostrado una visión distinta para la región y para el país.

El Valle no puede darse ese lujo. Necesitamos empresarios, trabajadores, universidades, organizaciones sociales y líderes políticos capaces de dejar a un lado las diferencias para coincidir en lo fundamental. No para favorecer a un partido o a un candidato, sino para construir una visión compartida de región.

Necesitamos cerrar brechas sociales, recuperar la seguridad, impulsar la competitividad y exigir las obras que el Valle lleva décadas esperando.

Hubo un cambio de rumbo a nivel nacional.

Ahora le toca al Valle detenerlo.

@edwinhmaldonado

Economista con maestría en políticas públicas.

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Gonzalo Gallo

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