Colombia
¿Por qué los sismos no se pueden predecir?
De preocuparnos a ocuparnos: la prevención es la mejor fórmula para salvar vidas
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3 de jul de 2026, 01:07 p. m.
Actualizado el 3 de jul de 2026, 01:07 p. m.
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Por Rodrigo Zamorno, especialista en Gestión del Riesgo
Cada vez que un sismo impacta a Colombia o al Valle del Cauca se origina la misma pregunta: ¿por qué los científicos no fueron capaces de predecirlo?. En una época en la que es posible pronosticar el clima o monitorear huracanes, muchas personas están convencidas de que los sismos también pueden anticiparse.
La realidad es otra: hoy no existe ningún método científico confiable que permita predecir un sismo, ni su fecha de ocurrencia, ni la hora, ni el lugar y mucho menos su magnitud.
Los países que más han investigado este desafío (Japón, Estados Unidos, China, México y Rusia) han invertido durante años en redes de acelerógrafos y programas, con miles de estaciones sismológicas, redes GPS para medir desplazamiento, sensores en el fondo del océano, monitoreo de fallas geológicas además de robustos sistemas de alerta temprana. Y aun así, la predicción sigue siendo imposible.


La respuesta está en la dinámica del planeta. La Tierra, con una edad aproximada de 4.500 millones de años, permanece en constante movimiento debido las altas temperaturas acumuladas en su interior, lo cual genera presión y desplazamiento de las placas tectónicas.
Estas placas se mueven algunos centímetros por año mediante procesos de subducción, colisión, separación y deslizamiento lateral. Aunque el movimiento parece insignificante, cuando dos placas permanecen enfrentadas durante años o siglos, la energía continúa acumulándose hasta que el materia cede y se libera de manera súbita y violenta.
El riesgo para las personas no depende exclusivamente de la magnitud (Mw – Magnitud de Momento) del sismo. En gestión del riesgo, el peligro real resulta de la interacción entre la amenaza, la exposición y la vulnerabilidad: de las personas, las edificaciones, la infraestructura, los servicios públicos y el entorno económico, social y ambiental. Por esa razón, un sismo de magnitud 7.5 puede tener consecuencias muy distintas según ocurra en una ciudad altamente poblada o en una zona montañosa con escasa presencia humana o infraestructura.
Alrededor de los sismos han surgido numerosos mitos urbanos. Con frecuencia circulan noticias sobre supuestos anuncios basados en el comportamiento de los animales, dibujos en las nubes, cambios del clima, fases de la luna, alineaciones planetarias, sonidos extraños, cábalas, profecías, aumentos extremos en temperatura o series históricas. Hasta el momento, ninguna de estas “teorías” han demostrado tener valor científico ni credibilidad académica.
También genera confusión el funcionamiento de los sistemas de alerta temprana utilizados en países como Japón y México. Es importante aclararlo, estos sistemas no predicen sismos. Lo que hacen es identificar en tiempo real las primeras ondas sísmicas, una vez el evento ya ha comenzado envía esa información a través de internet, televisión, sirenas o teléfonos celulares, para que las poblaciones cercanas activen sus protocolos de respuesta en los segundos disponibles.
Colombia es una región con significativa actividad sísmica. Cada año el Servicio Geológico Colombiano registra cerca de 30.000 sismos; más del 95% son de baja magnitud y la mayoría pasan desapercibidos. Vivimos en una zona donde confluyen las placas de Nazca, Suramericana y del Caribe con numerosas fallas geológicas activas.
La Norma de Construcción Sismo Resistente (NSR-10) ha permitido mejorar la seguridad de las edificaciones. También es fundamental evitar la ocupación de zonas con alta amenaza sísmica o geológica, laderas inestables, áreas expuestas a deslizamientos o sectores históricamente vulnerables.
La pregunta que debemos hacernos no es cuándo ocurrirá el próximo sismo, sino si estamos preparados a nivel personal, familiar, empresarial, municipal y nacional. Los sismos no se pueden evitar; las tragedias, si se pueden mitigar. Invertir en prevención no impedirá que el sismo ocurra, pero puede evitar que se convierta en un desastre.

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