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Todo comenzó subiendo el salario mínimo

Vale la pena recordar un dicho de la sabiduría popular: ‘Mal comienza la semana para el que ahorcan el lunes’.

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Armando Barona Mesa. Columnista.
Armando Barona Mesa. Columnista. | Foto: El País.

2 de oct de 2026, 02:20 a. m.

Actualizado el 2 de oct de 2026, 02:20 a. m.

Subir el salario mínimo a más del doble en los finales del año 2025 fue un acto no solamente demagógico, sino siniestro por parte de quien era presidente, el señor Gustavo Petro. Durante aquellos años de odio de clase que impuso el fatídico gobierno, creció el desempleo, porque los pequeños y medianos empresarios tuvieron que prescindir de empleados a los que ya no podían pagar. Y por lo tanto subió la inflación y aumentaron los precios. Y como el tipo gastaba y gastaba en pos de incrementar los votos, acrecentó la deuda pública y se subieron los intereses hasta una tasa inconcebible del 12,25 %, que acaba de determinar el banco emisor. Quiso hacer en un día la revolución solo para quedarse en el poder.

El señor Petro, quien había estudiado economía, sabía bien que la lucha por el poder de los marxistas -él por supuesto lo era, igual que su candidato Iván Cepeda- bien valía cualquier sacrificio de un pueblo al que trataba de halagar con mentiras y palabrería hueca de demagogia, machacando el odio de clase irreductible.

Fue aquel un período atravesado por la mala espina y las ansias desorbitadas de mantener un poder ilimitado, en busca de lograr apoderarse del estado. Habló entonces de constituyente, mientras realizaba manifestaciones públicas movidas en buses pagados con el dinero público y tamales y lechonas que podían llevar hasta la casa. Hablaba de las maravillas de su gobierno, aunque la salud entró en una crisis pavorosa que él tapaba con palabras agresivas. Fue entonces cuando se dedicó a ingerir ‘café’ en las noches que pasaba en vela y acrecentó sus delirios de grandeza, ¡qué carajo!.

Vale la pena recordar un dicho de la sabiduría popular que anuncia: ‘Mal comienza la semana para el que que ahorcan el lunes’. En realidad buscaba ‘ahorcarnos’ a la gran mayoría que creíamos en la democracia abierta y constructiva. Afortunadamente ganamos libremente, aun cuando él, Petro, rompiendo la Constitución, hacía a muy altos costos una campaña tremolante por todo el país, estimulando lo que se llamó el ‘voto fusil’, que era una violencia desatada y brutal en busca de los votos y de la sangre derramada con la que ha venido fustigando a esta patria, después de lo que llamó la ‘Paz total’, con la que estimuló las guerrillas y los grupos levantados en armas, que parecerían ganar, después de debilitar a las Fuerzas Armadas.

Claro que perdió; y aunque quiso desconocer un triunfo que fue reconocido en el mundo entero después de un escrutinio abierto lleno de testigos electorales, hizo diabluras hasta el último momento, celebrando contratos en todas las entidades del Estado y hasta nombró notarios cuatro días antes del 7 de agosto. Sí, abusó en todos los sentidos de un poder que se le escapaba de las manos, cometiendo toda clase de abusos y negociados. El país entero conoce estos desvaríos y dolamas de un poder que se extinguía por el paso del tiempo.

Yo soy, como lo saben todos, un liberal progresista, como lo es el partido. Pero conozco el comunismo y las dictaduras a las que llegan, como en Cuba, para no devolver el poder. Por lo tanto sé cómo han camuflado su comunismo tratando de hacerse parecer como liberales progresistas. Y si bien es inocultable que al presidente De La Espriella lo acompañó el partido que tuvo origen en Laureano Gómez y después en sus hijos Álvaro y Enrique y demás descendencia, o sea que son conservadores, estimo que eso no importa si de lo que se trata es de reestablecer la democracia y superar la inflación y los saldos deficitarios que en todos los campos entregó el gobierno de Petro, el terremoto y, ahora, el fenómeno del Niño.

Entonces, si el gobierno democrático que elegimos -voté por él- busca retornar a los caminos sanos de la democracia, lo acompañaremos con amor a la patria, así no nos toque ningún pedazo del pastel. ¡Arriba Abelardo, que para eso sos un Tigre!

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra

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