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Son cuatro presidentes costeños

Miremos cómo, más allá de Rafael Núñez y de Abelardo De La Espriella, hubo otros dos presidentes costeños que por cierto sobresalieron...

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Armando Barona Mesa. Columnista.
Armando Barona Mesa. Columnista. | Foto: El País.

14 de ago de 2026, 02:27 a. m.

Actualizado el 14 de ago de 2026, 02:27 a. m.

Cualquiera se equivoca, así sea el presidente de la República. Y fue él, en su discurso de posesión, quien habló de los dos únicos presidentes costeños que registra la historia: Núñez cartagenero y él, nacido en el departamento de Córdoba.

La verdad es que se equivocó y vale la pena resaltar que comentarlo no es una crítica ni una inconformidad sino el respeto por la verdadera historia. Es necesario corregir el yerro, en homenaje a ese pueblo costeño que tan grato es a nosotros los cachacos. Veamos un poco:

El primer sueño que tuvo un muchacho como yo, cuando lo era -Ay, ay- y tal vez todos, fue el de ir a conocer esas tierras calientes cerca al mar azul, y oír el hablado ligero y melódico de hombres y mujeres que nadaban en la alegría, comían sabroso las arepas de huevo y bailaban con un ritmo que los vallecaucanos envidiamos.

Siempre amé ir a Cartagena y seguir las huellas de Bolívar por una Barranquilla que se estaba formando, donde se embarcó definitivamente para aquella Santa Marta en un bergantín llamado Manuel. En ese viaje vomitó el hígado y todos sus intestinos, decían que para bien. Y hasta uno de esos días pensó con optimismo que tal vez podía seguir de nuevo su viaje a Jamaica y le brilló la luz de la esperanza. Pero pocos días después de que el obispo samario le hiciera sujeto de los últimos sacramentos, vía mortis, falleció en medio de una somnolencia en la que le dijo a José, su antiguo ayudante: “Vámonos José, que aquí ya no nos quieren.” Y se murió perfilado, mientras su rostro y cuerpo se iban poniendo amarillos.

Yo quiero a la costa atlántica y amo sus pueblos y ciudades y el mar y la sombra que deja la noche profunda. Pero como dijera Aristóteles, “Amo a Platón pero más quiero a la verdad.” Entonces miremos cómo, más allá de Rafael Núñez y de Abelardo De La Espriella, hubo otros dos presidentes costeños que por cierto sobresalieron:

El primero fue un moreno (negro) llamado Daniel Nieto Gil nacido en un caserío -Dibarco- de la ciudad de Baranoa. Era segundo Designado y asumió la presidencia entre marzo y julio de 1861. Abogado, poeta y militar, tomó el mando en plena guerra civil en el año de 1861, cuando Tomás Cipriano de Mosquera dio inicio a la guerra contra don Mariano Ospina Rodríguez. Recuerdo que tengo una foto de un cuadro al óleo de Nieto Gil, hecho en Francia, en el que no le pintaron el negro de la piel, sino un color blanco, con las barbas ligeras de la época, que son curiosamente las mismas de hoy, tal como lo demuestra la imagen de De La Espriella.

Aquella guerra civil, fue iniciada por Mosquera, devolviendo un agravio que le hiciera el soberbio don Mariano Ospina. El caucano no perdonó y encendió las llamas de la revolución, que ganó lejos. Y fue precisamente con esa victoria con la que Don Tomás Cipriano habría de convocar la Convención de Rionegro, de la que salió la desastrosa constitución del federalismo que habría de durar hasta 1886, cuando Núñez, triunfante en la guerra del 85, convoca la expedición de la nueva Carta de este último año.

El otro presidente costeño lo fue el doctor José María Campo Serrano, nacido en Santa Marta, quien como Designado a la Presidencia de Núñez, y a pedido de éste, asumió el poder cuando había terminado la revolución del 85 y se entró a estudiar la Constitución del 86, cuyos estudios no los presidió ni Núñez ni don Miguel Antonio Caro sino el doctor Campo, quien habría de sancionar aquella Carta Magna del 86, que se impuso hasta que se produjo la Constitución del 91.

No es pues cualquier tontería el que se recuerde la vocación constitucional que ha tenido Colombia y en especial los cuatro presidentes costeños, que en su momento fueron vitales para la República.

Abelardo De La Espriella pintó bien su mensaje en una muy dura campaña electoral, enfrentando a un Petro violador de la Constitución y de la Ley; y sin que tuviera una trayectoria política, se impuso. Es ahora, pues, el mandatario después de la memorable elección de este mismo año.

Ahora nuestro Presidente, en el ejercicio del mando, lo primero que recibe -él y Colombia- es el golpe aciago de un terremoto que ha impactado con su agresividad a gran parte de la población. Es, sin duda, una prueba del destino. Y allí lo tenemos, erguido e incansable, luchando para salvar a esta patria adolorida. Y saldrá adelante, porque todos los colombianos aportaremos nuestro apoyo y buena voluntad. Esa buena voluntad, ciertamente, se convierte en una ley del destino.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra

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