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Mirar adelante

Un mandatario que a los dos años sigue hablando de su antecesor está confesando que no tiene nada que decir sobre su gestión.

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José Félix Escobar
José Félix Escobar | Foto: El País

28 de sept de 2026, 12:39 a. m.

Actualizado el 28 de sept de 2026, 12:40 a. m.

Colombia lleva demasiados años practicando lo que podríamos llamar la ‘paleopolítica’: el arte de colocar el escenario de todos los debates públicos en el pasado, en la crítica a los gobiernos anteriores, que ya no existen, que ya son historia. Cada gobierno recibe una herencia. Puede ser buena, regular o mala, pero es suya y le corresponde digerirla.

El que se posesionó el 7 de agosto no fue elegido para levantar actas de los errores ajenos, sino para resolver los problemas actuales. Un mandatario que a los dos años sigue hablando de su antecesor está confesando que no tiene nada que decir sobre su gestión.

Como contribución a entender de manera rápida los últimos gobiernos del país, cabe un balance de unas breves líneas por cabeza. Álvaro Uribe tuvo un gran error: pretender un tercer período. Juan Manuel Santos cometió otro grave: diseñar un proceso de paz pensando más en el Premio Nobel que en la verdadera pacificación del país. Iván Duque cometió el error de enturbiar las relaciones con Venezuela. Y el gobernante anterior, el de 2022 a 2026, cometió el grave error de lanzarse para un cargo cuya complejidad nunca estuvo a su alcance.

Llegó la hora de que el país mire hacia adelante. Los problemas que tiene por resolver no admiten distracciones retrospectivas. El primero es el declinante servicio de la salud. Entre enero y julio de este año la Superintendencia recibió más de 1,2 millones de reclamos y nueve de cada diez eran de pacientes que no lograban acceder a una cita, a un medicamento o a un procedimiento. Siete EPS intervenidas son la prueba de que intervenir no es curar.

El segundo es la inseguridad rampante. Los colombianos de las ciudades y del campo no piden discursos sino la presencia efectiva del Estado, que es la primera obligación de cualquier gobierno. Debe reconocerse que en esta materia el Presidente De la Espriella ha entrado con paso firme.

El tercero es la inestabilidad energética. Ya estamos viviendo el fenómeno de El Niño más fuerte en tres décadas. Durante varios años no se tomaron las decisiones adecuadas y ahora el sistema, como reconoce la propia ministra de Minas, está en la cuerda floja. Premiar al que ahorra y cobrarle al que derrocha es sensato, pero es una medida de emergencia, no una política.

La verdadera política consiste en adelantar las grandes obras que este país tiene aplazadas. La carretera Panamericana, concebida en 1923, tiene un solo tramo sin construir en todo el continente y ese tramo es nuestro: menos de cien kilómetros de selva entre Colombia y Panamá. América es el único continente del planeta que no está unido por tierra. Y en la costa norte debe instalarse una planta de energía nuclear, que no dependa del clima ni de los caprichos de los ríos. El memorando de cooperación nuclear civil firmado hace dos semanas en Barranquilla con el secretario Rubio es el primer paso.

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Posdata: Los dos hombres más poderosos del mundo (Trump y Xi) acaban de reunirse en Washington para tratar, entre otros temas, el del control a la inteligencia artificial. Días antes, ante la ONU, el presidente Trump había anunciado que su Gobierno la llamará en adelante ‘superinteligencia’. No es nada afortunado el nuevo nombre. Precisamente lo que se debe asegurar es que la única “superinteligencia” siga siendo la del ser humano.

Doctor en Jurisprudencia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Abogado en ejercicio. Colaborador de EL PAÍS desde hace 15 años.

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