Columnistas
Las cifras no hablan solas
Quienes han resuelto llamarse ‘progresistas’ se definen como una secta con fe ciega en un relato.
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1 de ago de 2026, 12:26 a. m.
Actualizado el 1 de ago de 2026, 12:26 a. m.
Uno de los argumentos más repetidos en política sostiene que las controversias se resuelven con cifras y datos. Ojalá fuera tan sencillo.
Toda cifra plantea primero una pregunta: ¿quién la produjo? Si proviene de un gobierno interesado en demostrar el éxito de su gestión, merece un examen cuidadoso. Si la publica un organismo internacional, inspira mayor confianza, pero tampoco está exenta de sesgos ideológicos. Y aun cuando el dato sea correcto, puede utilizarse para transmitir una idea completamente distinta de la realidad si se presenta sin contexto histórico o sin comparaciones relevantes.
Ese ha sido el recurso de Petro para sostener que ha sido “el mejor de la historia”. Un ejemplo son los decomisos de droga. Se exhiben cifras récord como prueba de una lucha eficaz contra el narcotráfico. La pregunta pertinente no es cuánto se incautó, sino qué proporción representa frente a la producción total y cuál fue finalmente la cantidad que llegó a los mercados.
“Sacamos 1,6 millones de la pobreza”. Si se reparten subsidios y se baja la marca de lo que se considera pobreza, se ‘sacan’, pero en la estadística. Con Uribe salieron 4,5 millones y con Santos 5.4. Y es más probable que ‘salieron’ creándoles las condiciones de trabajo y seguridad. “Bajó la mortalidad infantil en un 42 %”. La tasa de mortalidad infantil viene bajando desde 1975. De hecho en los últimos años es cuando menos ha bajado. Lo mismo que ha ocurrido en el resto del mundo. La noticia es buena pero tiene que ver más con los avances en medicina que con la gestión de un gobierno. Así, se pueden revisar cada uno de los logros para entender que los pocos que son ciertos y positivos no representan un avance sostenible o no dependen de la planeación central.
Las estadísticas son indispensables para entender la realidad. Pero aisladas del contexto se convierten en propaganda. Quienes han resuelto llamarse ‘progresistas’ se definen como una secta con fe ciega en un relato. Todo dato que lo contradiga es sistemáticamente ignorado o convertido en propaganda enemiga y toda mentira o dato parcial, fuera de contexto, es aceptado y difundido como la verdad revelada.
Y cuando las cifras dejan de ser un instrumento para buscar la verdad y se convierten en munición política, el diálogo deja de existir y solo sobrevive la propaganda.
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Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.







