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Jerusalén: promesa cumplida

Aislado y sin interlocución estaba nuestro país cuando el gobierno anterior rompió relaciones con Israel y quedó en compañía de Corea del Norte, Irán, Yemen, Pakistán y Cuba.

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Marcos Peckel.
Marcos Peckel. | Foto: El País.

24 de oct de 2026, 09:14 p. m.

Actualizado el 24 de oct de 2026, 09:14 p. m.

Jerusalén. El pasado miércoles 14 se inauguró en esta ciudad la nueva Embajada de Colombia tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas plenas entre Israel y Colombia. Los cancilleres de ambos países, Gideon Saar y Omar Bula, encabezaron la ceremonia en la nueva sede, una casa típica de Jerusalén, construida en piedra hace un siglo durante el mandato británico. Con este paso, el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella cumple con una de sus promesas de campaña.

La apertura de la Embajada en la capital de Israel es una acción audaz de política exterior pues la gran mayoría de embajadas en Israel están ubicadas en Tel Aviv. En 2017 durante su primera administración, Donald Trump trasladó la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén. Hoy tienen allí su embajada además de Colombia, otros 9 países, entre ellos tres latinoamericanos: Paraguay, Honduras y Guatemala.

Jerusalén es uno de los asuntos contenciosos para un futuro acuerdo de paz entre Israel y los palestinos, hoy más lejos que nunca. Hasta 1967 la ciudad estuvo dividida entre Israel y Jordania, producto de la guerra de independencia de 1948, quedando la ciudad antigua, donde se encuentran los lugares sagrados de las tres religiones monoteístas en poder del Reino Hachemita, el cual expulsó a los judíos que por milenios tuvieron presencia en uno de sus cuatro barrios. Hoy la ciudad bajo control de Israel es crisol de libertad absoluta de cultos.

Durante las negociaciones de Camp David en el año 2000, lideradas por el presidente Bill Clinton que buscaban sellar la paz definitiva entre Israel y los palestinos como colofón a los acuerdos de Oslo de 1993, el mandatario americano presentó una propuesta de paz conocida como ‘los parámetros de Clinton’ que incluían un Estado palestino independiente en Gaza y la mayoría del territorio de Cisjordania y Jerusalén como capital de ambos Estados. Dicha propuesta fue aceptada por Israel en cabeza de su primer ministro Ehud Barak pero rechazada por el líder palestino Yaser Arafat, una de las veces que el liderazgo palestino rechazó propuestas de paz con Israel.

A pesar la cacofonía, difícilmente habrá consecuencias negativas para Colombia por su nueva embajada en Jerusalén. Algunas declaraciones inanes, condenas de papel, rechazos y exhortaciones varias. Países árabes aliados de Colombia como Marruecos y Emiratos Árabes Unidos no suscribirán condena alguna, quitándole peso a declaraciones de organismos que operan por consenso como la Liga Árabe y la Conferencia de Cooperación Islámica. Menos aún como han opinado algunos que “Colombia queda aislada”. ¿Aislada de qué? ¿Qué el embajador de Irán en la ONU no invite a Colombia a sus cocteles? Con Colombia en el Consejo de Seguridad hasta diciembre de 2027, muchos países preferirán estar cerca. Aislado y sin interlocución estaba nuestro país cuando el gobierno anterior rompió relaciones con Israel y quedó en compañía de Corea del Norte, Irán, Yemen, Pakistán y Cuba.

Lo más absurdo que se ha oído por estos días es que la ubicación de la embajada de Colombia en Jerusalén afecta la solución de dos Estados. A esta no se ha llegado por las reiteradas negativas palestinas a aceptarla, no por un asunto de finca raíz del Estado colombiano. La resolución 2334 de 2016 del Consejo de Seguridad, a pesar de su sesgo anti-Israel, deja en claro que Jerusalén Occidental, donde queda la embajada de Colombia, es territorio indisputable del Estado judío.

Con su nueva embajada Colombia afirma su relación estratégica con Israel, la cual responde a los intereses reales de Colombia en múltiples áreas de cooperación: seguridad, inteligencia, ciberseguridad, agua, agricultura, innovación, lucha contra el crimen organizado y el terrorismo, turismo, energías renovables, medio ambiente, etc.

Beneficios tangibles para Colombia, no ideología trasnochada.

Analista internacional para varios medios en Colombia y el exterior. Fue profesor de la Universidad de Externado hasta 2022 y es actual docente de la Universidad del Rosario. Colaborador y columnista de El País desde el 2001.

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