Columnistas
Francia, la gloria y la denigración
Con todo, la política francesa no ha sido históricamente un modelo digno de ser imitado por el resto de la humanidad.
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24 de oct de 2026, 02:05 a. m.
Actualizado el 24 de oct de 2026, 02:05 a. m.
De Francia siempre se habla bien. Su territorio es bello, su historia está marcada por actos heroicos y sus contribuciones a la civilización occidental son innegables. Su actividad intelectual es enorme, como lo demuestra, una y otra vez, la multiplicidad de sus revistas y publicaciones.
Enriquecida por muchos monumentos históricos, como que todo el mundo siente que algo de su propia historia tuvo lugar allí y se conmemora en uno de ellos.
Ha producido formidables poetas y escritores y, también, pintores, escultores y músicos. Y así se consagra en muchas calles, avenidas, parques y edificios públicos. Con razón construyeron en París, en la colina de Santa Genoveva, un bellísimo Panteón para exaltar tantas contribuciones intelectuales.
Con todo, la política francesa no ha sido históricamente un modelo digno de ser imitado por el resto de la humanidad. No sé cuántas revoluciones, cuántos hombres y mujeres guillotinados, cuántos reyes sacrificados. Como que logró algo de estabilidad política en la Cuarta República y ya en la Quinta, de 1958, sí ha servido de ejemplo institucional para muchos países.
Sus grandes hombres, y no hay para qué remontarse muy lejos en la historia, basta con recordar a Napoleón, han sido por igual glorificados y rebajados. Y luego, constituidos en patrimonio histórico, no solo de Francia, sino de la humanidad.
Un ejemplo reciente es el del general Charles de Gaulle , quien ha representado el orgullo francés, su ambición por obtener la gloria y su capacidad de obrar en contravía, y así, con independencia y gran visión de futuro, prestarle contribuciones inigualables a la nación francesa.
Pero también, en su caso, llegó el momento de la denigración y eso fue para él la revolución estudiantil de 1968, en virtud la cual los estudiantes, con un realismo utópico, resolvieron demandar lo imposible y entonces confrontaron su mandato presidencial, como nadie se había atrevido a hacerlo. Una especie de característica histórica francesa. Exaltación, denigración y luego eterna conmemoración.
Esto parece ser ahora el caso del presidente Macron. Su renuncia se pide en manifestaciones callejeras. No sobra recordar que llegó casi como producto de un gesto jupiterino a la Presidencia francesa. Y mundialmente, políticos en formación o con ambiciones inmediatas buscaban estrechar su mano y obtener la oportunidad fotográfica. Hoy es difícil encontrar a alguien que hable con afecto o admiración sobre su Presidencia. Parece increíble.
Se anuncian grandes manifestaciones para estos días. Ya ha habido ejemplos inusitados de saqueos de aquellos almacenes elegantes. No es la lucha de clases. Pero sí la expresión dura del resentimiento producto de desigualdades notorias.
Los días de Gloria siempre llegan.... pero no duran mucho.

Experto en Ciencias Políticas, profesor y diplomático. Estuvo vinculado a la Universidad de los Andes por 23 años, durante los cuales enseñó Ciencia Política y ocupó varios cargos como Rector Encargado, Vicerrector y Decano de Ciencias Políticas, entre otros. Se ha desempeñado como Embajador en Canadá, Representante Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas, Embajador en Inglaterra, Ministro Plenipotenciario en Washington y encargado de Negocios. Fernando Cepeda Ulloa ha sido Ministro de Gobierno, de Comunicaciones, Consejero Presidencial y Viceministro de Desarrollo Económico.
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