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El monstruo de los mangones

Lo que sí recuerdo es que esta siniestra campaña de asesinatos duró cerca de un año y que paró tan en seco como había empezado.

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Carlos Jiménez.
Carlos Jiménez. | Foto: El País.

31 de jul de 2026, 02:15 a. m.

Actualizado el 31 de jul de 2026, 02:15 a. m.

Veo la película ‘Los creyentes’ de Roger Gual y de repente me viene a la cabeza una leyenda urbana de los años 60 del siglo pasado: El monstruo de los mangones. La película y la leyenda tienen una víctima en común: los niños. O si se quiere los adolescentes.

En el primer caso son niños cuya inexplicable desaparición da lugar a interpretaciones que, con la excepción del personaje principal, nadie más cree. En el segundo caso, los cadáveres de niños encontrados en mangones de las afueras de la ciudad, dio lugar a la leyenda que nos ocupa.

‘Leyenda vampírica’, muy del gusto de Andrés Caicedo, Luis Ospina y Carlos Mayolo. Artífices del igualmente legendario Caliwood. Según la misma, estos niños habrían sido asesinados por un millonario que padecía leucemia y que para combatirla desechaba toda la sangre enferma y la reemplazaba diariamente por la sangre sana de esos niños, raptados en los barrios populares por sicarios a sueldo.

No recuerdo exactamente si dichos cadáveres sumaron 14 o 19. Lo que sí recuerdo es que esta siniestra campaña de asesinatos duró cerca de un año y que paró tan en seco como había empezado. La leyenda, en cambio, no terminó tan de súbitamente. Explicó que su finalización había coincidido con la muerte del millonario leucémico, cuyo nombre omito hoy por respeto a sus probables descendientes.

Solo diré que entre sus numerosas propiedades figuraba uno de los mejores hoteles del Cali de entonces. Estos recuerdos, me traen otros, entre ellos uno referido igualmente a Colombia. Me refiero a la película Sonidos de libertad, una película distribuida en 2023, varios años después de haber sido producida.

Dirigida por el mexicano Alejandro Monteverde y con Mel Gibson en un papel protagónico, narra la historia de Tim Ballard, un heroico agente gringo que viene a nuestro país a desmantelar una red de tráfico de niños, cuyo destino era Estados Unidos. Una historia edificante, hecha con la intención de enaltecer las buenas intenciones de los héroes estadounidenses, que se transformó en la matriz de una siniestra leyenda. Para la cual el destino de esos niños no era la explotación sexual o la venta a parejas estériles, sino la extracción de sus cerebros de una milagrosa sustancia rejuvenecedora: el adrenocromo.

¿Su mercado? Los magnates y las envejecidas estrellas de Hollywood, suficientemente ricas como para pagar cifras astronómicas por tan prodigioso destilado.

Historiador y crítico de arte. Profesor de la Unviersidad Europea de Madrid y corresponsal de la revista ArtNexus en España. Es columnista del diario El Pais de Cali desde 1994.

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