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¿El juicio final?

Hay versiones apocalípticas de quienes afirman con argumentos y seguridad que estamos al punto de experimentar el fin de la civilización.

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Ricardo Villaveces Pardo.
Ricardo Villaveces Pardo. | Foto: El País

19 de sept de 2026, 02:12 a. m.

Actualizado el 19 de sept de 2026, 02:12 a. m.

En cualquiera que sea el medio internacional calificado que se mire por estos días, se van a encontrar discusiones y análisis sobre lo que se viene por cuenta de los sorprendentes avances de la inteligencia artificial, IA. Hay versiones apocalípticas de quienes afirman con argumentos y seguridad que estamos al punto de experimentar el fin de la civilización. Hay cartas y manifiestos de investigadores y estudiosos del tema abogando por un acuerdo que ralentice el lanzamiento de nuevos modelos y herramientas de IA. También se encuentran cantidades de teorías conspirativas sobre los intereses de algunas de estas grandes corporaciones por establecer barreras de entrada a futuros competidores o análisis geopolíticos que recuerdan los tiempos de la Guerra Fría y los intentos por llegar a esos acuerdos de esfuerzos mutuos para detener la proliferación y las amenazas de las armas nucleares.

Cuál será la realidad de lo que se viene es muy difícil decirlo, pues, como muchos de los líderes de estas tecnologías lo afirman, todavía es mucho lo que les falta por comprender acerca de lo que realmente sucede al interior de esos modelos de redes neuronales y procesamiento de datos en unas magnitudes que desbordan la imaginación. Los casos recientes de acciones ‘autónomas’ de algunos agentes de IA, como fue el de Hugging Face o lo que mostró el modelo Mythos sobre su capacidad para penetrar los sistemas de seguridad más robustos, sacan de la teoría muchas de estas discusiones y ponen en la realidad los riesgos asociados de la IA.

Ni se diga lo que son los interrogantes acerca de lo que puede surgir como producto de los modelos generados por la propia IA pues, en esos casos, vamos a entender aún menos las potencialidades y los riesgos que suponen. Sin duda, ante tanta incertidumbre, sería deseable y necesario poder avanzar en el establecimiento de reglas de juego y salvaguardas que reduzcan los riesgos y den el tiempo necesario para dimensionar de manera realista cuál puede ser el impacto real de estas tecnologías. Esto no va a ser nada sencillo cuando el presidente de los EEUU dice que lo único que se necesita para regular este proceso es un presidente fuerte como él y desprecia los esfuerzos por la regulación.

El escenario que se nos viene en el futuro inmediato tendrá que ser el de la adaptación y, un poco, el “sálvese como pueda”. Es evidente que no se puede estar marginado de esta revolución, pues son infinitas las ventajas y posibilidades que trae el incorporar IA en todos los campos. Un uso prudente, si cabe el término, será el que habrá que promover y mucha atención y seguimiento a lo que va ocurriendo, pero esto solo mitiga los grandes riesgos a que vamos a estar enfrentados.

Ingeniero industrial, Presidente de Asocaña por casi veinte años, consultor privado y miembro de múltiples juntas directivas en los sectores financiero, industrial, energético, servicios, educativo y de investigación. Escribe para El País hace más de veinte años.

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