Columnistas
Confiar sin entender
Seguimos siendo responsables de lo que hacemos, de reconocer nuestros errores, cambiar de rumbo cuando sea necesario y aprovechar las oportunidades que aparecen.
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29 de sept de 2026, 01:51 a. m.
Actualizado el 29 de sept de 2026, 01:51 a. m.
Nos cuesta aceptar que algo importante ocurra en nuestra vida sin entender inmediatamente por qué. Cuando un plan no sale como esperábamos, una oportunidad se cierra o las cosas simplemente toman un rumbo distinto al que imaginábamos, buscamos una explicación que nos ayude a ordenar lo ocurrido. Decimos que todo pasa por algo, que algo mejor vendrá o que con el tiempo entenderemos.
Los psicólogos Arie Kruglanski y Donna Webster estudiaron lo que llamaron la necesidad de cierre cognitivo: nuestra preferencia por encontrar una respuesta clara antes que permanecer en la incertidumbre. No saber nos incomoda y esa incomodidad puede llevarnos a aceptar explicaciones rápidamente, incluso cuando todavía no tenemos suficiente información para construirlas.
La vida, sin embargo, suele necesitar otros tiempos. Crystal Park, psicóloga de la Universidad de Connecticut, ha estudiado durante años la forma como construimos significado después de experiencias difíciles. Cuando lo que ocurre entra en conflicto con nuestras expectativas, creencias o propósitos, intentamos reconciliar ambas cosas. A veces encontramos una explicación; otras veces terminamos modificando la manera como entendemos lo sucedido e incluso nuestra propia historia.
Eso ayuda a comprender por qué la distancia puede cambiar tanto nuestra interpretación de algunas experiencias. Hay decisiones que parecían equivocadas y terminaron abriendo posibilidades que no habíamos considerado, así como existen oportunidades que alguna vez celebramos y que después vimos de otra manera. Esto significa que nuestra mirada desde el presente es necesariamente incompleta.
Para mí, en ese espacio entre lo que ocurre y lo que todavía no alcanzo a comprender también está la fe. Creo que existe un plan superior, aunque no pretendo entender cómo funciona ni encontrar una explicación espiritual para cada dificultad. De hecho, con los años he llegado a pensar que creer tiene menos que ver con encontrar respuestas y más con aceptar que no siempre voy a tenerlas cuando quisiera.
Esa confianza tampoco significa resignarse ni dejar nuestras decisiones en manos del destino. Seguimos siendo responsables de lo que hacemos, de reconocer nuestros errores, cambiar de rumbo cuando sea necesario y aprovechar las oportunidades que aparecen.
Podemos hacer todo eso sin tener que resolver al mismo tiempo el significado definitivo de aquello que nos pasó. Una cosa es asumir lo que nos corresponde y otra muy distinta exigirnos comprender toda la historia mientras apenas estamos viviendo una parte de ella.
La forma de relacionarnos con la incertidumbre no puede nacer de convertir cada tropiezo en una enseñanza ni cada pérdida en una bendición, sino en aceptar que algunas experiencias necesitan distancia antes de encontrar su lugar. Mientras tanto, podemos aprender lo que sea posible, tomar las decisiones que nos corresponden y continuar.
Nos hemos acostumbrado a obtener respuestas cada vez más rápido y esa expectativa también parece haberse trasladado a nuestra vida. Queremos saber pronto si elegimos bien, por qué algo terminó o hacia dónde nos llevará un cambio que no buscamos. Pero hay respuestas que simplemente no funcionan a esa velocidad.
Confiar, entonces, es seguir haciendo nuestra parte aun cuando todavía no entendemos el resultado. Tal vez con el tiempo algunas cosas encuentren explicación y otras no. Lo importante es no quedarnos detenidos esperando entenderlo todo para continuar, porque muchas veces es precisamente al avanzar cuando empezamos a comprender.
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